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En respuesta al editorial del 18 de marzo de 2026, titulado “Bogotá es más segura, aunque parezca que no”.
Para que en Bogotá deje de reinar la criminalidad y la impunidad, es indispensable el fortalecimiento de la justicia, como ocurrió en Ciudad Gótica. Y reconocerlo puede ser el primer paso para lograrlo.
Todos hemos visto una película de Batman. Una ciudad oscura, llena de crimen, donde la gente siente que nadie la protege. Entonces aparece un millonario disfrazado a repartir justicia por su cuenta. Suena emocionante… pero también dice mucho de lo mal que están funcionando las instituciones.
En The Dark Knight hay una escena clave que ayuda a entender esto sin enredos. Batman decide echarse encima la culpa de crímenes que no cometió para proteger la imagen de Harvey Dent, el fiscal. ¿Por qué? Porque entiende algo fundamental: una ciudad no se salva con héroes solitarios, se salva cuando la justicia funciona. Dicho sin tanta épica: no importa cuántos “Batman” aparezcan, si los jueces, fiscales y policías no hacen su trabajo, el crimen gana.
En la película, Ciudad Gótica está desbordada. La gente vive con miedo y las instituciones no dan la talla. Por eso Bruce Wayne decide actuar por fuera de la ley. Pero cuando su personaje madura, entiende que él no puede ser el símbolo de la ciudad. Porque no representa la ley, la reemplaza. Y eso, a largo plazo, es insostenible. Por eso toma una decisión incómoda: sacrificarse para proteger la figura del fiscal. No al hombre, sino al símbolo de la justicia. Ese gesto permite que después se apruebe la Ley Dent, una herramienta que sí logra golpear al crimen organizado. La lección es contundente: Ciudad Gótica no se salvó por Batman. Se salvó cuando fortaleció su justicia.
Y aquí es donde Bogotá tiene que mirarse al espejo. Porque hay algo que se repite mucho, pero se entiende poco: seguridad no es lo mismo que justicia. Seguridad es que no roben. Justicia es que, si roban, pase algo. Y hoy en Bogotá está fallando lo segundo.
Si uno trajera al comisionado Gordon a Colombia, habría que decirle la verdad sin maquillaje: aquí delinquir sale barato. Según la Corporación Excelencia en la Justicia, más del 85 % de las noticias criminales se archivan. En otras palabras, la mayoría de los delitos no termina en nada.
Eso tiene un efecto inmediato, el delincuente pierde el miedo. Pero el problema va más allá del castigo. También es de acceso. Bogotá tiene más de ocho millones de habitantes, 20 localidades… y apenas seis Unidades de Reacción Inmediata (URI). Es decir, la puerta de entrada a la justicia está colapsada.
Hoy, si capturan a un ladrón en Usaquén, toca llevarlo hasta Paloquemao. Solo el trancón ya consume tiempo valioso de los policías. Súmele la espera, los trámites, la congestión. Resultado: menos presencia en la calle y más desgaste institucional.
Mientras la ciudadanía pide más seguridad, el sistema no tiene cómo responder con justicia. Y aquí es donde hay que dejar de fantasear. Bogotá no va a tener un Batman. Ni lo necesita.
Lo que sí necesita es hacer lo obvio, pero hacerlo bien: fortalecer la justicia. Cumplir lo que ya está en el Plan Distrital de Desarrollo —más infraestructura judicial— y dar un paso adicional: explorar mecanismos para cofinanciar fiscales y jueces en coordinación con la Rama Judicial. Porque sin capacidad institucional, la seguridad es puro discurso.
En la película hay una frase potente: “Harvey Dent era el Caballero Blanco. Yo no lo soy”. En Bogotá habría que reescribirla: la ciudad será segura cuando los héroes no sean los que actúan por fuera de la ley, sino los que la hacen cumplir. Policías, fiscales, jueces. Cuando eso pase, Bogotá dejará de parecerse a Ciudad Gótica. No por suerte. No por miedo. Por instituciones.
*Juan David Quintero Rubio es concejal de la Coalición Convergencia por Bogotá (Nuevo Liberalismo y En marcha).