En respuesta al editorial del 3 de noviembre de 2023, titulado “Una salida difícil y costosa para los hipopótamos”.
Entre las malas ideas “ambientalistas” que he escuchado, de pronto la más absurda es la de castrar los hipopótamos de Pablo Escobar.
Castrar un solo hipopótamo cuesta $40 millones y requiere un equipo de ocho personas. Colombia sufre de mucha pobreza. ¿Qué se podría hacer con ese montón de dinero para las escuelas, los hospitales, los parques naturales o para especies nativas en peligro de extinción?
Y es inútil. Dicen que hay más de 160 hipopótamos en Colombia y que en lo que resta del año pueden castrar unos 20, aunque siendo realistas probablemente serán menos. Pero aunque castraran a casi todos, ayudaría poco, porque el hipopótamo es una especie polígama, así que unos pocos machos pueden fertilizar a muchas hembras. No hay que olvidar que Escobar importó un solo hipopótamo macho con tres hembras, de los cuales descendieron los más de 160 animales que hoy amenazan a los seres humanos y dañan el medio ambiente.
La única solución viable es cazarlos. ¿Por qué nuestras autoridades ambientales son tan miedosas de matar unas docenas de hipopótamos, cuando todos los días en Colombia se sacrifican miles de vacas, porcinos y otros animales, y está totalmente aceptado? ¿Y cuando estamos deforestando los bosques a un ritmo terrible?
Además, no es como castrar a un perro. Con el hipopótamo es una cirugía complicada, ya que ellos tienen una piel muy gruesa, viven en el agua y los testículos son internos. Una empleada de un zoológico una vez me contó que castraron a sus hipopótamos —porque son animales muy caros y difíciles de mantener—, pero a pesar de contar con veterinarios especializados y un ambiente controlado, varios murieron. Para un animal selvático debe ser mucho peor y seguramente una tortura morir en la selva de una infección posoperatoria.
De hecho, la castración es una respuesta tan inútil y contraproducente que le hace a uno sospechar que el motivo verdadero no sea eliminar a los hipopótamos, sino más bien llenar los bolsillos de los contratistas o bajar el desempleo con los equipos de ocho trabajadores.
Hace poco The New York Times publicó un reportaje acerca de la batalla en Florida contra los caimanes, reptiles nativos de Colombia que invadieron ese estado sureño de los EE. UU. Igual que los hipopótamos en Colombia, los caimanes representan un peligro para los humanos y compiten con especies nativas como los cocodrilos. ¿Los floridanos están castrando a los caimanes? No. Los están cazando y matando, y al parecer les van ganando la batalla.
Pero los hipopótamos presentan una oportunidad de oro en Colombia para generar turismo y a la vez proteger el medio ambiente. Yo estoy seguro de que hay muchas personas ricas que pagarían mucho dinero por la oportunidad de cazar un hipopótamo de Pablo Escobar. Permitir una caza comercial bien manejada controlaría la población de estos animales, generaría turismo y produciría ingresos para fines ambientales, como por ejemplo proteger el hábitat de especies nativas. Así manejan la caza en muchos países, entre ellos en África, donde el hipopótamo es nativo.
En Colombia han encontrado una clase de paraíso, con abundante agua, sol y vegetación en un país donde no los cazan, no tienen predadores y las personas no consumen su carne. Por eso se reproducen sin control. En varios países africanos donde son nativos, los hipopótamos están en peligro por la caza ilegal y pérdida de hábitat. Preservar una población limitada en Colombia, en una zona limitada, podría ser una salvación para la especie si llega a extinguirse en su hábitat natural.
¿Por qué piensan gastar una fortuna en cirugías inútiles y destructivas, cuando los hipopótamos ofrecen a Colombia una oportunidad económica y para el medio ambiente?