Publicidad

¿Es verdad que el Acuerdo de Paz no entregó al país?

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
David Manrique
13 de noviembre de 2023 - 02:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

En respuesta al editorial del 31 de octubre de 2023, titulado “El Acuerdo de Paz no entregó al país”.

Veamos los resultados del dichoso Acuerdo de Paz. Antes de firmarlo había un grupo llamado FARC, ahora tenemos tres: las FARC que alias Mordisco heredó de Gentil Duarte; las FARC colombo-venezolanas de Iván Márquez, también llamadas Nueva Marquetalia, y las FARC de Timochenko, un partido sin agenda que no hace más que calentar sillas, unas FARC con muchos menos miembros que las FARC en armas.

Por otra parte, nadie sabe si las “extintas FARC” han revelado a las autoridades las rutas que “utilizaban” para el tráfico de drogas, pero todo parece indicar que no, pues no se ha reflejado en la reducción de cultivos ilícitos, cuyas hectáreas han aumentado mes tras mes después del acuerdo. La Jurisdicción Especial para la Paz ha respondido a lo que cabe esperar de una contradicción en los términos, a lo que se puede prever de unas tijeras que no cortan, esto es, ha traído, desprovistos de cualquier halo de castigo, papeles arrugados, caritas tristes para quienes mienten y caritas alegres para quienes dicen la verdad. ¿Y cuál es la verdad? La de la Comisión de la Verdad, tan parcializada que el representante de los militares renunció. Su narrativa fantasiosa pretende dibujar el conflicto colombiano como una pugna entre un Estado de derechas y unos insurgentes de izquierdas, y no como la resistencia de un Estado a despenalizar el tráfico de drogas, imposición que en tanto sea más fuerte, por paradójico que resulte, vuelve el tráfico más rentable, una mina de oro blanco para un hampa que esboza trapos ideológicos con la esperanza de que un proceso de paz les permita a sus cabecillas retirarse. De manera que la verdad de la Comisión de la Verdad es una mentira y, además, una mentira parcializada. Sobre ella ha divagado la JEP, para recreo de los que viven del relato y los que se burlan de las víctimas: si la juzgáramos sobre sus prioridades, diríamos que el Acuerdo de Paz se ha hecho con paramilitares y que ha sido un buen negocio para los militares acusados por los falsos positivos, ya que si bien su destino no ha ido a parar a la blanda justicia penal militar, tampoco a la justicia ordinaria, sino a la justicia especial, a la injusticia, donde sólo les basta con plegarse a la “verdad” para mantener su libertad. Por el momento, sobre los macrocasos de las FARC, sabemos que son tan grandes que no se ven y probablemente nunca se verán, y tampoco hay mucho interés en saber quiénes hicieron parte de la farcpolítica.

Sobre las indemnizaciones a las víctimas poco queda por decir. Como el cartel de las FARC no consiguió que las víctimas aceptaran sus ollas y bártulos por compensación, el Estado ha tenido que colaborar, aunque en la justa medida de la paz: se ha destinado más atención a reescribir la historia que a las víctimas de los hechos.

¿Pero al menos ha llegado la paz? Bueno, sí, si la paz consiste en que se acribillen menos militares que civiles, si la paz es que no muera el soldado pobre, sino el pobre a secas. Estamos en paz si el contador de masacres y el asesinato de líderes sociales y excombatientes no paran porque se detenga el derramamiento de sangre, sino porque se ha elegido a un gobierno de izquierdas. Para bien o para mal, esa necedad tiene sus días contados por cuenta de la inevitable expansión del tráfico y consumo de drogas de diseño, incluso para quienes ven el país desde sus burbujas.

Es un hecho que la paz que se acordó sin la venia del pueblo no es para la mayoría de los colombianos. Pero hija de esta paz nos llegará la “paz total”, que tampoco será del agrado de todos los colombianos. Callarán los fusiles para que las FARC y el ELN vuelvan a abrir las urnas y a ganarse la lotería sin comprarla, preparando así el terreno para otra paz con las disidencias de las disidencias, las cuales también tendrán sus disidencias y así hasta el fin de los tiempos o hasta que ya muy tarde se comprenda que no tiene sentido hacer la paz con los vendedores de turno, pues la mercancía y el consumidor siempre estarán allí.

En conclusión, no se puede presumir que las gentes que dijeron “No” a la mal llamada paz tenían miedos infundados, cuando hoy vemos esos miedos materializados: el país, otra vez, se está perdiendo, tanto a nivel territorial como institucional. La paz ha significado para Colombia darlo todo o casi todo a cambio de muy poco o casi nada.

Por David Manrique

Conoce más

 

Humberto(12832)13 de noviembre de 2023 - 02:48 p. m.
Confunde la Comisión de la Verdad con la verdad en la JEP, así en ambos casos se trate de testimonios ciertos, en uno, la Comisión, para que nos enteremos de lo que se hizo durante determinado período de nuestra historia o discurrir violento, en el otro, la JEP, para que a través de la confesión de la propia culpa se facilite su juicio y se obtengan beneficios, un tipo de economía procesal. Ninguna tiene la Verdad, solo testimonios ciertos, comprobados en la segunda,
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.