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ME PARECE ACERTADO NARRAR LA TRAgedia actual que sufre Nepal a partir de las consecuencias desastrosas derivadas del terremoto del pasado 25 de abril.
Sin embargo, también es importante dirigir la atención a las causas que la hicieron posible, para hacernos una idea sensata sobre las posibilidades de que algo similar ocurra en Colombia.
Tradicionalmente, tendemos a identificar la causa de este tipo de crisis humanitarias con el hecho sobreviniente más inmediato, aquella situación extraordinaria y muchas veces impredecible, que abruptamente interrumpe el ritmo de la vida cotidiana. Un terremoto, un tsunami o una emergencia de un agente infeccioso. Sin embargo, es importante resaltar que estos accidentes naturales no son causas de las crisis por sí mismos, sino más bien desafíos, pruebas, que tensionan las fibras sociales y revelan la capacidad de respuesta de las instituciones para hacerles frente.
Durante los tiempos más aciagos de la última epidemia por el virus del ébola, que sufrieron tres países del África occidental, la actual directora de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan, identificó la pobreza como la verdadera causa detrás de esa tragedia. No hay duda de que la presencia del virus ha sido necesaria para que ocurra la enfermedad. Sin embargo han sido, también sin duda, la pobre respuesta social y la incapacidad de los sistemas de salud, los que hicieron posible que actualmente se hayan registrado 50 veces más casos y muertos que ninguna otra epidemia de ébola ocurrida antes.
De igual forma, la actual crisis humanitaria que vive Nepal podría identificarse con la pobre capacidad de su Estado (en la forma de todas sus instituciones) para responder de forma oportuna y pertinente, eficaz y eficiente a los efectos catastróficos relacionados con la ocurrencia del terremoto.
En tiempos de crisis se hace manifiesta la resiliencia de las sociedades y sus estados. Haití, Guinea y Nepal, por ejemplo, aunque ubicados en América, África y Asia, comparten las miserias producto de dos terremotos y un virus letal. El hilo que conecta, más allá de las diferencias espaciales, lingüísticas y culturales, a estas tres sociedades, es la falta de flexibilidad de sus instituciones para asumir situaciones límite y sobreponerse a ellas.
Parece perogrullada: la pobreza, y la falta de resiliencia social e institucional que ésta genera, es la causa objetiva detrás de la actual crisis en Nepal y no el terremoto en sí mismo. Sin embargo, hay verdades que por más evidentes hay que repetirlas frecuentemente.
Finalmente, para el caso de nuestro país, es evidente que la pobreza y la resiliencia se distribuyen heterogéneamente. Por eso, y aunque se haya tardado casi 20 años, hay que celebrar la política pública (decreto 2561 de 2014) que procura fortalecer los sistemas de salud en las zonas más pobres del país. Con certeza podemos afirmar que el fortalecimiento de la resiliencia institucional en departamentos como Guainía, en donde empezó la implementación de esta política, pero luego en el Vichada, Chocó o Vaupés, donde se tiene planeado ejecutarla, nos hará menos vulnerables a tragedias como la ocurrida en Nepal.
