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No es decir sí o no a una práctica uso o costumbre social, sino cuándo, para qué y si es loable o necesaria, inocua o perniciosa; cuáles son las opciones o alternativas para reemplazarla y quién financia estas últimas.
Qué valores o antivalores se están promoviendo, en qué beneficia o perjudica a la sociedad o a los seres involucrados.
Para el caso de los reinados infantiles, se hacen en todas partes, hasta el extremo que se montan multinacionales que los promueven, y aunque no siempre sea en tanguitas, sí deja desnudas las intenciones mercantiles de los promotores; hasta cirugías estéticas e intervenciones agresivas les hacen a los y las participantes, y no sólo a las “niñas” candidatas a todo tipo de certámenes que en el país existen.
Y los medios los cubren con lujo de detalles y corresponsales estrellas; no así las competiciones deportivas, académicas y culturales que abundan en las instituciones educativas a lo largo del año, y en los barrios y veredas de todo el país, realizadas con las uñas por sus promotores naturales, los maestros y los líderes populares. Hace poco observé en el Hotel Nutibara de Medellín una serie de jóvenes deportistas en sillas de ruedas que, al indagarles qué hacían, me confesaron que eran la delegación bogotana de un campeonato deportivo en silla de ruedas. Yo, que soy asidua lectora de periódicos locales, no vi, por esos días, ninguna alusión a tal actividad. En el mismo orden de ideas, en esta ciudad, que en honor a la verdad tiene una de las agendas culturales más prolijas que haya conocido, con eventos todo el año, la mayor parte gratuitos o de bajo costo, nos toca a los interesados andar esculcando los periódicos locales para encontrar en las escasas páginas dedicadas a ello la información de la “agenda cultural” refundida entre montones de páginas dedicadas al escándalo de turno, a la cortina de humo del momento y a la última salida en falso del presidente del período.
No hay financiación adecuada para competencias científicas a ninguna edad; los escasos concursos y medallas Andrés Bello para los mejores bachilleres, una que otra mención a algún trabajo de tesis cum laude, los premios a diferentes categorías de periodismo, por razones obvias, se convierten en pantalla para los mismos ostentadores del poder y sólo permean a una ínfima minoría, y valga la redundancia.
En países que han abandonado la cultura de bárbaras naciones, actividades científicas, culturales, deportivas, artísticas y recreativas son financiadas adecuada y permanentemente, permean a toda la sociedad sin discriminación alguna y potencian los altos rendimientos generales de donde salen y se hacen los verdaderos científicos, artistas de valía, deportistas competitivos, escritores de relevancia y, sobre todo, un pueblo realmente educado que cultiva todos los aspectos y ramas de la ciencia, el arte y la cultura, por popular que parezca el género.
*Leila Delgado Almanza
