El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

A propósito de la transparencia en campañas

Cartas de los lectores

20 de mayo de 2026 - 03:50 a. m.

Cada vez que se acercan unas elecciones vuelve la misma pregunta a las conversaciones de barrio, a las tiendas, a las universidades y hasta a las reuniones familiares: ¿de verdad las cosas pueden cambiar? Muchos ciudadanos han perdido la confianza en la política porque durante años han visto campañas llenas de promesas que desaparecen apenas terminan las votaciones.

PUBLICIDAD

Las elecciones del próximo 31 de mayo deberían ser una oportunidad para hacer las cosas de manera diferente. No como un simple enfrentamiento entre candidatos o partidos, sino como un momento para recuperar algo que se ha ido perdiendo poco a poco: la confianza de la gente.

Hoy la ciudadanía está cansada de la política basada en ataques, rumores y divisiones. La gente quiere soluciones reales. Quiere dirigentes que hablen con honestidad sobre los problemas del país y de las regiones, pero que además tengan la capacidad de escuchar a quienes viven diariamente las dificultades del desempleo, la inseguridad y la falta de oportunidades.

También debemos reconocer algo que muchas veces se evita decir: la corrupción no empieza únicamente en las grandes instituciones. Empieza cuando normalizamos pequeñas prácticas incorrectas durante las campañas, cuando se compra el voto aprovechándose de las necesidades de las comunidades o cuando se utilizan ayudas y favores para manipular la voluntad de las personas.

La transparencia no puede limitarse a un eslogan bonito en una tarima o a una frase repetida en redes sociales. Debe demostrarse con campañas limpias, con respeto por las reglas y con la capacidad de sostener debates sin convertir al contradictor en enemigo.

Pero esta responsabilidad no es solamente de quienes aspiran a ocupar cargos públicos. Los ciudadanos también tenemos un papel fundamental. Votar no debería ser un acto de costumbre ni de presión; debería ser una decisión consciente sobre el tipo de sociedad que queremos construir.

En muchas ocasiones escuchamos que “todos los políticos son iguales”. Tal vez esa frase nace del cansancio y de la decepción de millones de personas que sienten que nunca son escuchadas. Sin embargo, resignarnos sería el peor error. La democracia necesita ciudadanos críticos, participativos y capaces de exigir resultados.

El país atraviesa un momento donde la polarización parece ocupar todos los espacios. Y precisamente por eso se necesitan liderazgos responsables, capaces de unir en lugar de dividir. La política debería servir para encontrar soluciones colectivas, no para profundizar los conflictos entre ciudadanos.

Las elecciones del 31 de mayo serán importantes no solo por quienes resulten elegidos, sino por la manera en que decidamos participar en ellas. Porque al final, más allá de cualquier resultado, lo que realmente está en juego es la posibilidad de volver a creer en una política hecha con responsabilidad, transparencia y respeto por la gente.

Jesús David Tatis Guerra, Cartagena de Indias

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.