La legalización del aborto es dar apoyo y aliento a la pandemia del machismo y a la falta de formación, de educación no solamente en la sexualidad, sino en la responsabilidad y madurez humana.
Legalizar el aborto no es un grito de libertad sino todo lo contrario, un eslabón más en la cadena de esclavitudes que padecen quienes lo defienden y practican. La libertad no es hacer lo que venga en gana, sino asumir las responsabilidades y deberes que cada individuo o persona tiene para con la comunidad de la que hace parte, y una de estas responsabilidades es el conocimiento, manejo y uso de la genitalidad.
Quien no sabe manejar su genitalidad y pretende corregir los errores mediante la liquidación del fruto o consecuencia de sus actos, en este caso el embarazo, no es una persona libre, sino esclava de su propia ignorancia, debilidad e inmadurez.
El aborto pretende ocultar el fruto de los errores, pretende eliminar la prueba de la irresponsabilidad genital y total de la pareja, el aborto deseado y provocado es una prueba irrefutable de la inmadurez de los dos que lo han ocasionado y es, también, una acentuación del machismo que usa a la mujer, y de la mujer que se deja usar para halagar al macho de turno.
Con toda claridad lo dijo el papa Francisco: “No es lícito contratar un sicario para solucionar un problema”. Si el embarazo fuera un problema, la solución sería asumirlo con inteligencia, responsabilidad y fortaleza en vez de pretender arreglarlo con la muerte de la criatura engendrada.
La solución ante un embarazo indeseado no es el aborto, es saber prevenirlo, evitarlo con el uso responsable de la genitalidad, con el ejercicio de una sexualidad orientada y recta, en lugar de dejarse llevar apasionadamente por los instintos. La solución ante la epidemia del aborto está no solamente en las manos de quienes lo practican legal o clandestinamente, sino en la voluntad y en la conducta de personas formadas y educadas en valores y principios.
Educar, formar y no simplemente instruir alborotando los instintos es ir a lo más hondo de cada persona para hacer salir a flote su bondad natural, esta que por la naturaleza humana está en la raíz misma de su dignidad como persona. Es hacer brotar los valores que hay dentro y que sean estos valores junto con los principios y criterios de bondad, de verdad y de bien los que guíen y conduzcan la conducta ante las diferentes circunstancias y momentos de la vida de cada persona.
Para frenar la epidemia del aborto que alimenta la también epidemia del machismo y de la irresponsabilidad, solamente hay una solución y una respuesta: educar y formar. Cuanta menos educación y formación tengan las personas, mayor será el apoyo a la legalización del aborto. Cuanta menos inteligencia haya sobre la verdadera libertad, mayor será la falta de responsabilidad en el comportamiento y en la conducta diaria de los humanos.
La responsabilidad no es solamente de la mujer a la que siempre se le carga la culpa. Es necesario reconocer y corregir la irresponsabilidad del varón que “tira la piedra y esconde la mano”.
Educar para la responsabilidad, educar en valores, en criterios y en principios para poner fin a la plaga del aborto, del machismo y de la irresponsabilidad personal y social.
James M.
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