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Andrés Hoyos y el hablar sin saber

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06 de febrero de 2026 - 05:10 a. m.
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En su columna “Revisionismo destructivo” del 21 de enero de 2026, Hoyos afirma: “Si hablamos del citado calentamiento global, la geoingeniería está hoy en capacidad de ralentizarlo y hasta revertirlo con un costo muy manejable” y remata con “el mal no es todavía tan catastrófico”. Estas frases son problemáticas porque presentan como hechos conclusiones que, en la literatura científica, están lejos de serlo. Lo más grave es que el columnista escribe sobre un tema altamente técnico sin mostrar señales de contraste mínimo (fuentes, incertidumbres, límites). Antes de hacer afirmaciones de ese calibre, sería responsable verificar con varias fuentes y, mejor aún, consultar científicos climáticos en Colombia, que los hay muchos. Sobre sus afirmaciones:

“La geoingeniería puede revertir el cambio climático”: Lo que suele llamarse “geoingeniería” incluye, sobre todo, técnicas para reducir temporalmente la temperatura (p. ej., aerosoles estratosféricos). Eso no equivale a revertir el cambio climático: no elimina el CO₂ ni sus efectos, como por ejemplo, acidificación de los océanos, y tampoco es un seguro que garantice evitar calentamientos fuertes por mecanismos asociados a la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. Además, la idea de “volver atrás” seguramente confiando en remociones masivas futuras de CO₂ (emisiones negativas) es una apuesta riesgosa por problemas de escala y viabilidad (Anderson y Peters, 2016).

“Con un costo muy manejable”: Incluso si algunos costos directos parecen bajos, el costo relevante no es solo el de implementación, sino el costo total esperado incorporando daños, incertidumbre y el riesgo de interrupción. Análisis económicos muestran que sustituir mitigación por geoingeniería puede ser económicamente ineficiente, en parte porque un fallo o suspensión del programa podría causar cambios abruptos con daños altos (Goes, Tuana y Keller, 2011). Otros trabajos reexaminan esos supuestos y encuentran que, bajo escenarios plausibles (probabilidad de aborto y daños propios de la geoingeniería), una sustitución amplia no pasa pruebas costo-beneficio (Bickel y Agrawal, 2013).

“El mal no es todavía tan catastrófico”: Esta minimización ignora que ya estamos en rangos donde aumentan riesgos de cambios abruptos (“tipping points”) y efectos cascada, incluso alrededor de aumentos de temperatura de entre 1.5 y 2°C (Armstrong McKay et al., 2022). También subestima impactos directos sobre vidas humanas: los extremos de calor húmedo se están intensificando y se acercan a límites fisiológicos peligrosos en varias regiones (Raymond, Matthews y Horton, 2020). Cientos de miles de personas alrededor del mundo han muerto en las últimas dos décadas por catástrofes meteorológicas como olas de calor, incendios, sequías e inundaciones ligadas indiscutiblemente al cambio climático.

Hoyos también caricaturiza el principio de precaución, como si significara no hacer nada porque podría presentarse algún daño. En la práctica, la precaución es gestión proporcional del riesgo bajo incertidumbre: medidas revisables, no arbitrarias, basadas en evaluación científica y en balance de costos y beneficios. En el caso de la geoingeniería solar, “precaución” se traduce en algo muy concreto: investigación con reglas de gobernanza, transparencia, participación amplia (incluidos países vulnerables) y límites claros para no confundir posibilidad técnica con licencia para comenzar (National Academies, 2021).

Como experto en el área, me preocupa profundamente que se normalicen mensajes que dan una falsa sensación de tranquilidad. El Espectador tiene credibilidad: por eso mismo, al darle tribuna a estas simplificaciones, termina difundiendo desinformación peligrosa sobre el cambio climático y confundiendo a sus lectores sobre la urgencia real de actuar.

César Darío Jiménez, ingeniero ambiental

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Alfredo(85691)Hace 1 hora
"Hablar sabiendo que no sabe°, ese es el columnista de marras.
Juan Montoya(cnp52)Hace 3 horas
El titulo de esta columna retrata fielmente al columnista que critica: hablar sin saber.
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