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Son infundadas las declaraciones del presidente Petro sobre el proceso electoral colombiano, considerado internacionalmente como el más confiable de América Latina.
Recordemos las elecciones del domingo 19 de abril de 1970, donde sufragaron 3’994.140 votantes. Enfrentaron al candidato conservador del Frente Nacional Misael Pastrana Borrero, quien obtuvo 1’625.025 votos, 41,2 %, y quien ganó con diferencia de tan solo 1,6 % frente a su contendor inmediato, el expresidente y general Gustavo Rojas Pinilla de la Alianza Natural Popular, quien obtuvo 1’561.468 votos, 39,6 %. (63.557 votos menos).
El tercer lugar lo ocupó el candidato Belisario Betancur Cuartas, disidente conservador, con 417.350 votos, 10,6 %, y el cuarto lugar lo obtuvo el candidato Evaristo Sourdis, disidente conservador, con 336.288 votos, 8,6 %.
Tan pronto se cerraron los comicios y punteando en el pre-conteo el general Rojas, el presidente Carlos Lleras Restrepo se reunió con el general y su digna esposa doña Carola Correa de Rojas en la casa de ellos. En esa reunión acordaron nombrar comisión integrada por dos representantes por candidato y 8 compromisarios, quienes trabajaron día y noche, sábados y domingos, y el día 5 de junio de 1970 entregaron el resultado de los escrutinios, los que fueron aceptados por unanimidad por los compromisarios, los cuatro candidatos y el registrador Ricardo Jordán Jiménez, connotado jurista vallecaucano. Su sucesor, Eduardo Caballero Calderón, jamás hubiese aceptado el cargo en caso de duda y/o carencia de legitimidad del escrutinio. Eran personas de honor, íntegros y sin tacha.
El otro caso acaecido en el siglo XX fue la elección de 1904 (Hegemonía conservadora), donde a don Miguel Antonio Caro, jefe conservador, no le gustó que el general Juan Iguarán, de la Provincia de Padilla, entregara los votos de los pardos para apoyar la candidatura del general Rafael Reyes Prieto. Esos votos permitieron que llegara a la presidencia el general Rafael Reyes para el quinquenio 1904-1909. (Desde el centralismo bogotano no se debe imponer la invalidación de votos de afrodescendientes e indígenas wayú, quienes eran mayoritariamente liberales). El historiador Eduardo Lemaitre en detalle nos narra nuestra historia que todo colombiano debiera conocer.
Nuestra democracia es frágil pero nuestros ancestros la cuidaron y nos la legaron. Llegó el turno para que la sigamos cuidando y la transmitamos a las nuevas generaciones. Que no pase en Colombia lo que le sucedió a Cuba, Nicaragua y Venezuela, naciones que perdieron su democracia.
Óscar H. Rojas, Cali.
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