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Cartas de los lectores

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Cartas de los lectores
22 de febrero de 2008 - 12:05 a. m.
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Excelente que El Espectador patrocine el debate de los grandes temas familiares, tales como el de la custodia compartida, del que da cuenta el periódico de la semana del 10 al 16 de febrero de este año.

Sobre la custodia compartida

Excelente que El Espectador patrocine el debate de los grandes temas familiares, tales como el de la custodia compartida, del que da cuenta el periódico de la semana del 10 al 16 de febrero de este año. Para evitar equívocos, es importante hacer las siguientes precisiones:  

1) No es lo mismo custodia compartida, que régimen de visitas.  

2) No es cierto que la ley permita visitas sólo cada quince días. La ley nada dice al respecto y debe presumirse que  los niños no pueden ser separados de sus padres, tal como lo ordena el artículo 44 de la Constitución.

3) Cuando los padres no viven juntos, los hijos tienen derecho a  compartir con ellos sin  más limitaciones que las impuestas por los compromisos pedagógicos o laborales de los menores.

4) Si el padre o madre con quien viven los hijos impide el compartir u oculta a los niños, sin justa causa conocida por la autoridad competente, incurre en el delito de ejercicio arbitrario de la custodia.  

5) Los titulares del derecho a compartir o visitas son los hijos y no los padres, a quienes les corresponde cumplir con el deber de prestar auxilio permanente a su prole.

6) El proyecto de ley pretende regular los días en los cuales los hijos pueden pernoctar con cada uno de sus padres, siempre y cuando no se haya perdido judicialmente el derecho.

Carlos Fradique-Méndez. Bogotá.

Del editorial y las marchas

En relación con su editorial de la edición correspondiente a la semana del 10 al 16 de febrero, me permito remitir este comentario:

Después del rotundo éxito de la marcha en contra de las Farc, el pasado 4 de febrero, hay que ser muy cautelosos en cuanto a los objetivos del cúmulo de protestas que ahora se quieren efectuar. Es cierto, la violencia en todas sus manifestaciones hay que rechazarla en forma rotunda y categórica. Pero algo fundamental para conseguir el éxito en cuanto a objetivo se refiere, es la oportunidad del evento.

Una cosa son las manifestaciones para rechazar, condenar y con ello tratar de obtener que el agresor detenga los actos y barbaries contra los que se protesta, y otras para recordar, no dejar olvidar o mantener vivo y latente el rencor por similares actuaciones pasadas. Las primeras podrían interpretarse como eventos hacia un objetivo específico y constructivo, y las segundas, no destructivas, porque no lo son —no puede ser destructivo recordar los actos que nos han agraviado—, pero sí podrían estar provistas de tintes revanchistas y retaliativos. Porque, si lo que realmente queremos es obtener la paz y la reconciliación entre colombianos, deberíamos ser capaces de albergar en nuestros corazones, si no el perdón, por lo menos tratar de apartar el odio y el rencor para quienes con su accionar nos han ofendido en el pasado.

La barbarie paramilitar ha sido horrorosa, incuestionable y por supuesto censurable, pero mal que bien, la mayor parte de quienes la cometieron se acogieron a un proceso de paz justicia y reparación que por más imperfecto que sea, ha llevado al país hacia la suspensión de la mayoría de los actos originarios de esos grupos. Sus actuaciones no hay que olvidarlas, pero seguir recalcándolas y remachándolas de por vida, es como si cada que viéramos a Petro, Navarro o cualquiera de los militantes del Polo —antiguos combatientes del M19, hoy acogidos en la civilidad y democracia— les diéramos un escupitajo y les enrostráramos la barbarie del Palacio de Justicia, el crimen de José Raquel Mercado, el de Gloria Lara de Echeverri y toda una serie de horrendos actos cometidas por esa agrupación en el pasado.

Si las Farc, sin olvidársenos los innumerables agravios de ellos recibidos, se hubiesen acogido a un proceso de paz y, con ello, dejado de secuestrar y atentar contra la población civil, la marcha del 4 de febrero no hubiera tenido objetivo diferente a mantener latente el recuerdo de las atrocidades y crímenes por la agrupación cometidos y mantener vivos el rencor y el odio permanente hacia sus integrantes. Un objetivo así, entre quienes aspiramos a una pacificación del país, no sería sano ni conveniente.

La apoteósica marcha en contra del las Farc, que no a favor del Gobierno, no debe conducir hacia una polarización de opiniones, posiciones y objetivos que se está viendo venir. No de otra forma puede interpretarse el que cuando algunos columnistas o editorialistas mencionan su éxito, a renglón seguido, con cizaña y poca objetividad, reclaman similar protesta hacia otras atrocidades cometidas por grupos ya inexistentes o contra los mismos organismos del Estado, a quienes les endilgan un supuesto respaldo. Si se va a marchar, marchemos como el 4 de febrero, con objetivos claros y concretos, que logren unir en torno a ellos a la gran mayoría de colombianos. No convirtamos las protestas en objetivos políticos y revanchistas.

Ricardo Buitrago C. Barranquilla.

* * *

Con todo respeto, les cuento que compro El Espectador porque considero mi deber fomentar el pluralismo periodístico, en el cual hoy en día estamos muy pobres, pero lo leo porque tiene muy buenos columnistas como Humberto de la Calle, Alejandro Gaviria, Salomón, Madrigal y otros, y buenos artículos, como el de Enrique Rivas sobre “El cerco” en la última edición. Columnas como las de Zuleta y Bejarano me parecen tontas por lo vacías.

Sobre la última edición, quiero referirme al editorial, que me parece erróneo, porque ignora la verdadera motivación de “la marcha”. El país venía sufriendo con estoicismo los embates del vecino dictador contra nuestro Gobierno, pero ya no resistió más cuando el personaje pidió la beligerancia para los terroristas que han hecho sufrir tanto al país y que pretenden seguir haciéndolo. Los jóvenes no quieren semejante herencia que les estamos dejando.

Manuel A. Restrepo Daza. Bogotá.

* * *

Bajo ninguna circunstancia voy a marchar en contra del Estado colombiano, su Ejército o su Gobierno. Eso se lo dejo a Piedad Córdoba, a Chávez, el Polo o las Farc. Aclaro: No apoyo a los paras. Esos ya no existen. No apoyo a los parapoliticos, que todavía existen. ¿Qué tipo de periódico es este que inculpa con anónimos a nuestro Ejército?

Juan Antonio Espinosa. Bogotá.

* * *

Participaré, como lo hice en la marcha contra las Farc, y con todo entusiasmo marcharé el 6 de marzo por “los desaparecidos, por los desplazados, por los masacrados, por los ejecutados” que entre 1982 y 2005 los paramilitares perpetraron. Los colombianos hemos empezado a reaccionar ante hechos intolerables en nuestra realidad diaria y no nos hacemos más partícipes de la manipulación mediática. Es el momento para continuar exigiendo libertad en todas sus formas para quienes sean honestos, respeto a los Derechos Humanos, transparencia en cargos públicos.

Julián Rodríguez. Bogotá.

Crucigrama

Yo soy suscriptor de ese prestigioso semanario desde hace varios años. Mi mayor interés fue el crucigrama que dirigía el recientemente fallecido MAC. Me alegré mucho el domingo 3 de febrero cuando vi que había salido otro crucigrama por el estilo del anterior. Tratando de resolverlo me encontré con muchas de las llamadas “cáscaras”, que cuando son tantas y tan de la apreciación personal del que las hace, se dificulta un poco; también me pareció un poco rebuscada, cosa que no ocurría con el de MAC. De todos modos, bienvenido El Espectador su nuevo crucigrama y que no vuelva a faltar, para alegría de nosotros los crucigramistas.

Daniel Ramírez Londoño. Armenia

Anti Clinton

He registrado con negativa sorpresa, que esta semana (del 10 al 16 de febrero) ha sido sustituido el excelente columnista Cristopher Hitchens por otro de menor calibre, sin duda no obstante sus pergaminos, refiriéndome al señor Kristof.

Aparece curioso que después de tres columnas de Hitchens, aportando una visión crítica de las perspectivas de la senadora Clinton en la Presidencia de E.U., el sustituto señor Kristof se haya despachado con una visión contraria harto rosa.

Lo que gloso no es, propiamente, que éste diga lo contrario de aquel, pues como ha ocurrido en otras ediciones se publican varias opiniones de extranjeros, sino que el que dice a favor de la Clinton haya sustituido al que, con buena dosis de ideas, se expresaba en contra.

Bernardo Congote. Bogotá

Señalización

Invité a un grupo de australianos para visitar Colombia. Pero no se imaginan cómo se sintieron manejando por nuestras carreteras y su señalización. Para estos turistas, que estaban conduciendo carros alquilados —además a unos precios exagerados, los más costosos en el mundo— resultó una experiencia muy singular, debido a los retenes de la policía de carreteras y la señalización o pintura en las vías, que no concuerdan con la realidad de las mismas. ¿Cómo es posible que en una recta de más de siete kilómetros pueda existir doble línea amarilla? Ridículo.

Luis Gómez. Bogotá

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