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Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

09 de enero de 2008 - 09:43 a. m.

Recordando a MAC

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El día cinco de diciembre falleció en esta ciudad Mario Arbeláez Ceballos (‘José Dolores’), quien fuera durante varios años insigne colaborador de ese periódico, mediante la autoría de ingeniosos crucigramas que tantas enseñanzas nos dejaron a quienes fuéramos sus asiduos lectores; y además, otrora, con sus amenas columnas que entonces firmara bajo el seudónimo de ‘Diógenes Peralta’.

Tuve el grande privilegio de merecer la amistad de este coloso, y de ser en dos oportunidades diferentes su compañero de trabajo, en la primera de las cuales compartí las zozobras y ansiedades sufridas cuando éramos llamados a comparecer a gerencia, para responder a las intransigencias de un meticuloso aunque amigable patrón.

Invité a Mario en alguna oportunidad a participar en las Tertulias del Huevo Simbólico y gustoso aceptó mi invitación. En las Tertulias del Huevo no demoró Mario en destacarse por la calidad de su poesía, enfocada en gran parte a describir las costumbres sinuanas y a describir algunos apartados lugares y personajes cordobeses. Hízose famoso, entre otros, por los cantos a Mama China (la negra partera que trajo al mundo cuatro generaciones sinuanas y no tuvo un rancho donde morir). (“Mama China se fugó con la muerte, porque la negra tenía el alma como las garzas…”). A Isaura, quien al fugarse de este mundo —“ahíta de cumbia y ron”— dejó viudos a 40 marineros y a un rudo capitán y a María Nuncira, entre otras; la mujer guajira quien llega en la cubierta de un motovelero, “cocinando a ratos y a ratos cambiando amor por dinero con los marineros…”.

Extensa, versátil y con un profundo sentido social la poesía de Arbeláez, pero eso sí, exenta de consignas tendenciosas o matreras. No menos buena que su poesía era su prosa, profusa y bien peinada, salpicada de adjetivos dosificados con sutileza y sensatez, carente de extravagancias y ditirambos.

Mario fue un señor en el sentido estricto del voquible; y su señorío y su nobleza hicieron de él una persona incomparable. En el programa de Caracol “Pase la tarde con José Dolores” se hizo celebérrimo. Desde los más apartados rincones de la patria, a él acudían toda clase de gentes en busca de advertencias y pareceres, ya que fue rico en experiencias de toda índole, adquiridas en su finca “Pior es nada”. Además de ser un señor de tiempo completo, fue un prestigioso y verdadero folklorista.

Inadecuado concluir estos amistosos comentarios sin recordarlo como el Sumo Pontífice de la pesca de río y de quebrada. Conversaba con la orilla y el montecillo; con la cascada y con los chorros; con las piedras, los pájaros y las flores… y al concluir las faenas cuánto singular encanto traía consigo el escucharle, de regreso a la urbe, las bregas con truchas o sabaletas.

Soporta al final de su existencia con singular estoicismo algunas dolencias, pero no se da por vencido su espíritu altivo y fiestero y libre de melancolías y congojas (como suele finar la gente de bien). Afronta el paso al más allá, para arribar a aqueste Nirvana donde con él necesariamente habremos de encontrarnos sin saber cómo ni cuándo, o sea inconscientemente…

Néstor H. González Ángel.  Medellín.

Del Canciller


Muchas gracias por haberme tenido en cuenta como uno de los personajes de 2007, en la pasada edición del semanario.

Permítanme compartir con ustedes la nota que escribí en mi diario estando secuestrado, el primero de enero del 2006: “Feliz año nuevo. Me levanto con la ilusión  de regresar este año a mi hogar, a mi libertad, a mi vida y, mientras tanto, repito mis propósitos para el año, similares a los que me he hecho cada año y en todos los momentos de mi cautiverio: ser siempre positivo, vivir día por día, aprender todo lo que pueda, acrecentar mi fe, practicar el amor, la bondad, la gratitud, la humildad, la paciencia, el valor, la fortaleza, la tranquilidad, aumentar mis esperanzas, mi serenidad, mi alegría y la sabiduría que me permita aceptar y vivir el presente.”

De mi experiencia y de mis lecturas he aprendido que los seres humanos no tenemos que ser el producto de nuestro pasado; nuestra condición humana nos permite vivir conforme a nuestra imaginación y no a nuestra memoria. Como decía George Bernard Shaw: “¡este es el verdadero goce de la vida!, ese ser utilizado con un propósito que uno reconoce como importante, ese ser una fuerza de la naturaleza y no un montoncito febril y egoísta de malestares y molestias que se queja de que el mundo no se consagra a hacerlo feliz.”

Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores quiero poner mi mejor esfuerzo al servicio de Colombia y de toda la comunidad. En lo personal acrecentar los propósitos que me fijé desde hace varios años y ser una mejor persona.

De nuevo, mis sinceros agradecimientos.

Fernando Araujo Perdomo. Ministro de Relaciones Exteriores. Bogotá.   

El parque Gustavo Uribe


Los felicito por su interesante artículo sobre el problema del Parque Gustavo Uribe. Artículos como el de ustedes (El Espectador, semana del 25 de noviembre al 1 de diciembre, “El parque de los procesos”) ayudan a un control social muy importante para la ciudad. Al respecto, sin embargo, quiero anotar que el director del Jardín Botánico falta a la verdad al afirmar que ha convocado a la comunidad. Únicamente se convocó a la gente del edificio al cual el Jardín le hizo el trabajo. No se convocó a nadie más.

Carl Henrik Langebaek. Bogotá.

Humor trágico

Con desazón e incomodidad he leído varias anotaciones que en la sección “No nos consta”, de Tola y Maruja, se han escrito en algunos de sus semanarios y en particular me refiero a la publicación del 9 al 15 de diciembre.

Si bien no nos podemos dejar agobiar por todas las tragedias que abruman a nuestro querido país —en especial el drama de los secuestrados— y ante todo hay que conservar el optimismo para creer y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que algún día este nefasto cáncer sea extirpado, tampoco se puede permitir que se haga mofa del dolor ajeno, que se trate de hacer humor a costa de la tragedia de los demás. No es la primera vez que en esta sección se atropella la sensibilidad de personajes que adquieren la categoría de públicos por estar inmersos en alguna situación calamitosa.

Me parece que los comentarios hechos en torno a las imágenes de Íngrid Betancourt que tanto nos han consternado a todos, son absolutamente irreverentes y no se compadecen en lo más mínimo con el sufrimiento no sólo de sus allegados (piénsese solamente en doña Yolanda), sino también de todos los colombianos que actualmente cargan con el lastre de tener un familiar secuestrado.

¿El columnista de la sección acaso piensa que alguna de las frases allí plasmadas arrancaría quizá una sola sonrisa de los labios de la madre de Íngrid Betancourt? Las imágenes por sí solas hablan de la ignominia y la vergüenza de este flagelo. ¡Más recato y sutileza por favor en sus comentarios y en su gran “sentido del humor”! Ante todo, el respeto por la condición del otro.

Gloria Gil. Medellín.

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