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Opinión de los lectores
El editorial y la reelecciónSu pasado editorial "De hecatombes y reelecciones" ratificó lo escrito por el dramaturgo Arthur Miller (1915-2005) en "The Observer" el 26 de noviembre de 1961: "un buen diario es una Nación hablándose a sí misma". Con tan nobles letras, El Espectador corrobora su capacidad de anticipar el porvenir y asume en buena hora el papel de conciencia nacional.
Entre la plétora de atinados y saludables razonamientos consignados en el editorial descuellan dos: primero, aquel según el cual el presidente Uribe "mientras más poder amasa, menos poder está dispuesto a ceder". Sin duda, el problema jamás fue el Primer Mandatario, cuya preclara inteligencia está fuera de discusión, sino el efecto combinado que tienen sobre él los lentes de aumento del poder, los intereses económicos y la publicidad. Si la respetuosa reflexión del editorial lograse que el Presidente se despojara del halo mesiánico -y limitara el permanente pregón de José Obdulio Gaviria (innecesaria e insoportablemente fungiendo de Juan el Bautista)-, bien podríamos gozar de un magnífico mandatario por tres años más en lugar de padecer uno desteñido y gruñón por quién sabe cuántos.
La creencia anula la inteligencia y en el caso que nos ocupa las mayorías pueden estar equivocadas: es más, ‘temen' estarlo, a juzgar por la rabiosa forma con que muchos sostenedores del dogma de la infalibilidad presidencial se apresuran a argumentar la madre a quienes osan redargüirlos con ideas meditadas y elaboradas. Dolorosamente, la hoguera de las animadversiones es también azuzada por esclarecidos críticos del Gobierno (como el doctor Felipe Zuleta, cuyo valioso fondo naufraga en su áspera forma: el uso excesivo de vocablos del tipo ‘repugnante', ‘albañal', ‘cloaca' y ‘nauseabundo' mengua los alcances de su discurso y reduce sagaces raciocinios a dicterios mordaces). Sea como fuere, Colombia vive hoy lo expresado en el acto 4 del drama "En folkefiende" (Un enemigo de la gente), de Heinrik Ibsen, cuyo personaje exclama: "La mayoría nunca está del lado correcto. ¡Nunca, digo! Esta es una de las mentiras sociales contra las cuales un hombre libre y pensante está obligado a rebelarse. ¿Quiénes son mayoría en cualquier país? ¿Los sabios o los tontos? Pienso que debemos concordar en que los tontos están en terrible y abrumadora mayoría en todo el mundo"... A decir verdad, la generalización de odios, vicios, violencias e intolerancia parece darle la razón a Ibsen.
Por eso, también, es propio recoger la segunda afirmación del editorial: "De lo que se trata es de defender el arreglo institucional de largo plazo que nos rige y convoca como una Nación moderna libre y soberana". Parafraseando a Antonio Caballero, eso de "Reelección o hecatombe" es un poco original reencauche de "Regeneración o catástrofe", para imponernos el re-re... Así, la conclusión es evidente: lejos de valorar la reelección, llegó la hora de reversar el dichoso articulito y lo que debe abrirse paso es la prohibición rotunda de la reelección inmediata, rescatando el aporreado espíritu de la Constitución del 91. Tomará tiempo, claro, que la cordura minoritaria mute en mesura mayoritaria, pero, tanto para que tengamos un mejor Uribe como una mejor Colombia, su editorial de la semana pasada fue un aporte gigantesco.
Alfredo Gutiérrez Borrero. Bogotá.
Rompiendo Cadenas
A raíz del artículo "Altruismo en la Procuraduría", publicado en la edición del 4 al 10 de noviembre, queremos manifestar que Rompiendo Cadenas es una institución sin ánimo de lucro, reconocida legalmente desde hace más de 15 años, cuya misión ha sido el trabajo con el habitante de la calle. Durante el desarrollo de nuestra misión vimos la urgente necesidad de trabajar con los niños hijos de estas personas, quienes se constituyen en víctimas inocentes de este flagelo social.
Esta labor empezó en El Cartucho hace un poco más de 10 años, cuando las mujeres con problemas de drogas ingresaban a la institución para rehabilitarse y, desistiendo con su propósito, se retiraban dejando a nuestro cuidado sus pequeños, quienes día tras día esperaban el regreso de sus madres o padres a la institución. Unos han regresado pero no ha sido posible liberarse de esa adicción. Otros, aunque ya son libres, continúan confiando sus niños, porque su bajo nivel intelectual y su poca integración social les impide conseguir los recursos necesarios para los cuidados de sus hijos.
Hace aproximadamente seis años los funcionarios de la Procuraduría General de la Nación conocieron la existencia de nuestra institución y la labor que venimos desempeñando con nuestros niños, que por su estado de indefensión y su inocencia cautivaron los corazones de estos funcionarios, quienes a su vez tomaron a la Fundación Rompiendo Cadenas y el trabajo que se hace con los niños como obra social bandera para ser apoyada desde aquel entonces; a partir de este momento, las fiestas de Navidad para los niños de Rompiendo Cadenas han sido lideradas por los funcionarios de esta magna entidad, así como el mantenimiento constante de las reparaciones locativas que ha tenido la primera casa hogar para estos niños, ubicada en la barrio Santa Fe, financiada con el archivo para reciclaje, donaciones voluntarias y directas de sus funcionarios y otras actividades que dentro de la entidad se han adelantado.
Ha sido tan cercano el trato de la Procuraduría con los niños de la Fundación, que hace ya dos años se vio la necesidad de continuar con ellos con una casa para niños comprada con dineros donados en su totalidad por esta entidad.
Sea esta la oportunidad para hacer públicos nuestros profundos agradecimientos en nombre de nuestros niños al doctor Edgardo Maya Villazón, procurador general de la Nación, al doctor Carlos Arturo Gómez, a procuradores delegados y a todos los funcionarios que hasta el día de hoy nos han apoyado, y es lamentable que se levanten comentarios malintencionados en contra de este proyecto, ya que entre todos estamos haciendo una gran inversión social en aras de la búsqueda de tan anhelada paz para nuestra Colombia linda. Por lo tanto, invitamos a quienes les quede alguna duda acerca del trabajo que la Fundación Rompiendo Cadenas está desarrollando, a que nos consulten por medio de nuestra página web: www.nuestroschiquis.com y www.fundacionrompiendocadenas.com y si estos testimonios logran tocar corazones, hagan parte de nuestro equipo para que entre todos construyamos un futuro mejor para las generaciones venideras.
Eduardo Betancur. Director. Hogar Rompiendo Cadenas. Bogotá.
N de la R.: En ningún momento el artículo en cuestión se refirió a la loable labor que cumple esta fundación.
Más respeto
Tengo la edad de 64 años. Desde que tengo uso de razón, he leído con admiración y respeto el diario El Espectador, y actualmente, el semanario El Espectador.
He notado en los últimos tiempos una línea editorial respetuosa, pero adversa a las políticas y ejecuciones del señor presidente, doctor Álvaro Uribe Vélez, cosa loable y respetable; pero últimamente, sobre todo en la columna del doctor Ramiro Bejarano, he advertido una virulencia y un apasionamiento desmesurado contra la figura y familiares del señor Presidente de la República.
La columna del día 21 al 27 de octubre de 2007 llenó la copa y el articulista utiliza el término "Palacio de Narquiño", aludiendo al Palacio de Nariño. El señor Presidente de la República representa la dignidad de la Nación, la casa donde él habita, el Palacio de Nariño, debe tratarse con respeto y consideración. Ningún periodista, por muy encumbrado que él sea, puede dirigirse en esos términos; si hay pruebas, indicios, de algo ilegal, debe ser denunciado a las autoridades competentes de acuerdo con las leyes y procedimientos que nos rigen.
Un lector desprevenido puede ser afectado sicológica y moralmente por afirmaciones alocadas y sin ningún fundamento, perdiendo credibilidad tan respetuoso semanario.
Luis Enrique Bernal R. Bogotá.
Euforia
Como casi siempre estoy sin plata suficiente, desde el viernes encaleto los $3.000 y el domingo salgo temprano a comprar El Espectador. No me importa si hacen falta para la comida o si tengo que caminar varias cuadras. De regreso a casa lo traigo de tal forma que sea visto por todos, y noten el gran aprecio que tengo por este semanario. Por eso, para mí es gratificante y muy placentero que de vez en cuando a ese equipo de mentes superiores, que le dan vida, se unan personas que con gran objetividad y responsabilidad social le hacen pensar a uno que no todo está perdido. Me refiero a los señores Alfredo Gutiérrez B. y Juan Carlos Rodríguez (edición de el 21 al 27 de octubre).
En varias oportunidades les he mandado cartas y muy amablemente me han publicado dos. En una reciente les pedí a los bandos en conflicto que dejaran la guerra, que no valía la pena que vertieran su sangre con un pueblo obtuso. ¡Vaya ingenuidad la mía! No se me borra de la mente cuando el presidente Uribe, en su primer reinado, con su primera ministra de Defensa, salía por Tv. mostrando sendos cuerpos abatidos de colombianos y colombianas, entre ellos niños, y posteriormente cancelando recompensas a los sapos que hacían esto posible.
En estos días la euforia ha sido total por la muerte de 20 personas, posiblemente guerrilleros -con estos gobiernos no hay que ser muy crédulos-, entre esos un niño de 11 añitos. ¡Vaya con los héroes de mi patria! Hasta declararon día cívico en los Montes de María; otra cosa que ofende mi inteligencia es que para el Gobierno en esta guerra las fuerzas militares dan de baja y los guerrilleros siempre asesinan, cuando es muy común que sea lo contrario, porque muchas veces disparan primero y después, si no es guerrillero, le ponen armas y asunto arreglado. ¡Cínicos! Por eso, por muy optimista que quiera ser, creo que somos una estirpe que no merece una segunda oportunidad y no lo digo por los gobiernos o los reyes sino por la plebe a la que los bufones entretienen en su miseria sin mucho esfuerzo. Muy humildemente y por razones económicas de mi parte les sugiero que sigan como semanario.
Álvaro Castillo C. Cartagena.
