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Leí su editorial del 22 de enero sobre los 10.000 millones de pesos que el DAPRE contrató para la defensa del señor Gustavo Petro por su inclusión en la lista OFAC. En ella se argumenta que, como presidente, sus actos representan a los colombianos en todo momento. Disto mucho del criterio expuesto, más aun considerando que ustedes son informadores noticiosos y formadores de la opinión del colombiano de a pie.
El señor Gustavo Petro no representa a ningún colombiano cuando se pierde en el “Bronx” parisino, ni cuando se pasea dando mal ejemplo en las calles de Panamá, ni cuando insulta a sus anfitriones en Alemania, España y Estados Unidos, ni cuando se va a “escribir” a Manta, Ecuador.
La representación de un país es seria y debe ser responsable, muy distante de lo que ha hecho. La inclusión en la lista OFAC ha recaído sobre la persona de Gustavo Petro, su esposa, su hijo y su ministro, compañero de aventuras políticas de marras. La presentación de la motivación del gobierno estadounidense fue clara al señalar que se trata de la persona de Gustavo Petro y sus allegados, y no del pueblo colombiano. Además, es el resultado de una investigación del gobierno americano.
La deserción del gobierno de Petro en la lucha contra el narcotráfico se veía venir. No hizo nada para erradicar, y cuando su ministro de Defensa trató de implementar la erradicación, fue Petro el primero en oponerse.
El uso de los dineros de los colombianos para defender posiciones personales, ya sea por ideología o por malos comportamientos, es uno más de los abusos e indelicadezas con los que Petro ha maltratado a los colombianos. Petro es responsable de sus actos y no puede escudarse en su cargo para justificar su mal comportamiento.
El 3 de febrero habrá una reunión en Washington y el panorama no es alentador. Va solo con su embajador, a un ambiente desfavorable, a vender humo. El señor Trump no compra discursos ideológicos; es pragmático, y ahí la verborrea de Petro pierde sentido.
Claudio Carranza
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