Toda sociedad, hasta ahora vista, vive de una estructura de plausibilidad para poder mantener las instituciones sociales; estas pueden ser de cualquier carácter: social, militar o religioso. Esta estructura era creída y aceptada como verdadera en el pasado. De esta forma, se mantenía a través de los años y, en caso de no ser creída, la sociedad entera caía desde sus cimientos.
Pero en la actualidad, la mayor parte de la población no cree, y muchos no aceptan el cimiento ideológico que la mantiene, pues desde los maestros de la sospecha dudamos de nuestros sueños, dudamos del interés de la clase dominante y dudamos de la verdad de la moral. La sociedad se mantiene con el pesimismo de no ver la luz en utopías totalizantes que han sido probadas y han transformado el cimiento social en lo más parecido al infierno en la tierra; y allí donde reinan, su población huye despavorida.
El pesimismo generalizado se transforma e interioriza en las relaciones individuales, y todos los actores sociales fingen al máximo para conseguir sus fines. La diferencia es que ya todos sabemos que es una actuación y decidimos voluntariamente seguir en la obra.
La inmediatez y falsedad de las relaciones sociales las vuelven esporádicas y superficiales. En la mayor parte de los casos, cada individualidad crea un avatar para presentarlo a los demás, como en una gran obra cinematográfica.
Toda conversación se vuelve superficial y cada parte se sabe su guion; el mundo se presenta como un gran escenario, pero se pierde el sentido y la sustancia de todo. Todo parece tan falso, tan coreografiado, tan actuado. Pero aquel individuo que se da cuenta, y no tiene formación histórica, empieza a buscar significado en corrientes que van más allá de lo aceptado socialmente; en esas corrientes encuentra sentido y propósito en un mundo que pareciera no tenerlo.
Muchos siguen buscando la verdad y la sinceridad en las instituciones sociales y en las relaciones individuales, pero desde que sospechamos de todo, surge la pregunta: ¿es posible la honestidad en las relaciones humanas? ¿O será que estamos destinados a mentirnos para mantener el control y la estabilidad social?
Ernesto Tamayo, sociólogo.
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