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La importancia del debate

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20 de abril de 2026 - 05:00 a. m.
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A propósito del editorial del 12 de abril, titulado “La ausencia en los debates le hace daño a la democracia”. La palabra debate significa controversia que, a su vez, es “discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas”. Son necesarios, entonces, para conocer los diferentes puntos de vista que puedan darse frente a un mismo tema. Y permiten que las personas que lo escuchan puedan considerar esas diferencias para hacerse una opinión o para reafirmarse en la que tienen. Esta es la lógica de un debate. Lo que no funciona es la logística. Quienes se proclaman idóneos para hacer este tipo de confrontaciones, que no son otros que los directores de los medios masivos de comunicación han llevado a la caricatura estos actos, porque lo prioritario es ganar audiencia y no contribuir con información de interés.

El formato es muy importante y también el conductor. Los panelistas deben conocer sobre qué les van a preguntar, disponer de un tiempo prudente para dar su mensaje y poder controvertir la intervención del otro, no al otro. Pero esto último es lo que los moderadores pretenden: la confrontación personal, y lo hacen de diferentes maneras: planteando temas no de los programas que puedan presentar los candidatos, sino de decires y peleas entre las tendencias y las corrientes ideológicas. Lo hacen jugando con paletas de sí o no, en las que no existen sino los extremos y no las explicaciones, y, generalmente, con temas circunstanciales y no estratégicos. Lo hacen recordando lo que dijo el uno del otro e incitando a que se reafirmen o se retracten, no a que se expliquen. Lo hacen agregando expresiones como “lo dicen los expertos…” o “los conocedores coinciden en que…”, desvirtuando de entrada el conocimiento o la validez de las ideas del candidato. Lo hacen preguntando sobre temas que son solo del interés de una campaña. Lo hacen de mil formas, argumentando objetividad y responsabilidad periodística.

Ante este panorama, es muy difícil pedirles a los candidatos que debatan públicamente, porque la esencia de las ideas no es lo prioritario. Es la pelea, el cómo uno destruye al otro, cómo se atacan y se sindican mutuamente de actos ilegales, cómo se ofenden por sus orígenes, por su vestir, por su educación, por todo lo que es y ha sido la vida del otro.

Tristemente, este concepto de debate es el que les han vendido a las personas que políticamente no tienen una formación, sino que actúan por la emoción. Y eso es lo que el pueblo quiere oír, ver y retransmitir. Es la guerra ideológica de la red social. Un debate serio, como el que usted, señor director, plantea y anhela, va a ser catalogado de muy académico y solo será visible e importante para formadores de opinión. Y eso…

Un debate de ideas, con moderadores que no sean los protagonistas, con temas de profundidad donde aparezcan el qué y el cómo, y donde la diferencia no haya que combatirla, sino escucharla y entenderla (la mejor forma de respeto), está lejos de ser nuestra realidad.

Alberto Marroquín

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