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No bote su voto

Cartas de los lectores

11 de junio de 2026 - 12:00 a. m.

Las elecciones presidenciales en Colombia no son simplemente una jornada más en el calendario político. Son uno de esos momentos en los que un país entero decide hacia dónde quiere caminar durante los próximos cuatro años. Y, sin embargo, resulta inquietante ver cómo muchos prefieren observar todo desde la distancia, como si el futuro nacional fuera un asunto ajeno. Algunos dicen estar cansados de la política; otros aseguran que “todos son iguales”. Pero, mientras unos renuncian a participar, otros sí entienden el poder que tiene una ciudadanía indiferente.

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Hoy la política se parece demasiado a las redes sociales: ruido, insultos, fanatismos y emociones rápidas. Muchos votan por rabia, por miedo o por simple simpatía mediática. Se comparten videos sin verificar, frases sacadas de contexto y discursos que convierten al candidato favorito en salvador del país o al rival en el enemigo absoluto. En medio de tanto ruido, pensar se ha vuelto casi un acto de resistencia. Y quizá allí está uno de los mayores desafíos de estas elecciones: aprender a discernir antes de elegir.

La Biblia misma muestra que las decisiones importantes de una comunidad no pueden tomarse desde la improvisación o la indiferencia. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, después de la muerte de Judas, la primera comunidad cristiana entendió que debía escoger a alguien que ocupara su lugar entre los doce. Presentaron a dos candidatos, oraron, reflexionaron y, finalmente, eligieron a Matías para aquella misión (Hch 1,15-26). No fue una elección basada en fanatismos ni emociones pasajeras, sino en el discernimiento y la responsabilidad frente al futuro de la comunidad. Incluso desde la fe, decidir bien siempre ha sido una tarea seria.

Lo preocupante no es solamente que existan malos políticos; lo verdaderamente peligroso es que la gente buena se acostumbre a la apatía. Porque, cuando los ciudadanos dejan de participar, otros terminan tomando las decisiones por ellos. La democracia no se destruye únicamente con corrupción o autoritarismo; también se debilita cuando las personas sienten que nada vale la pena y que el futuro ya está perdido. La indiferencia, aunque parezca silenciosa, también tiene consecuencias.

Al final, quedarse en casa el día de las elecciones también es una forma de decidir. Porque incluso quien no vota tendrá que vivir las consecuencias del rumbo que tome el país. Colombia necesita menos fanáticos y más ciudadanos; menos resignación y más conciencia. Quizá la democracia siga siendo imperfecta, pero todavía es uno de los pocos lugares donde la voz de una persona sencilla puede pesar tanto como la de cualquier poderoso.

Luis Alfredo Cortés Capera

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