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Soy docente universitario y veo con preocupación la confusión y, en algunos casos, la apatía que hay en la comunidad estudiantil frente a las próximas elecciones. Claro, estas características no son exclusivas de este grupo, sino que parecen ser transversales a toda la sociedad.
En días pasados tuve la iniciativa de socializar la herramienta “Match Presidencial” con un grupo de mis alumnos. Mi intención era, como siempre, estrictamente pedagógica en materia electoral, sin sesgos ni intereses propagandísticos. Para asegurarme de ello, estructuré el ejercicio de la siguiente manera: cada pregunta fue presentada al curso junto con información de contexto que ayudara a tomar decisiones. Además, los estudiantes tuvieron espacio para opinar y debatir antes de votar en su propio computador. Para amenizar el ejercicio, iba presentando las preguntas en un proyector y seleccionaba aleatoriamente a un estudiante para que compartiera su respuesta, la cual yo digitaba en el “Match Presidencial”.
Las primeras siete preguntas fueron calificadas de esta manera: con diálogo, debate y argumentos. Las calificaciones para cada pregunta estuvieron siempre entre 3 y 4, reflejando posiciones mesuradas frente a las decisiones por tomar.
A partir de la pregunta ocho, y hasta la última, decidí cambiar la dinámica. En lugar de permitir el argumento y el debate, solo se permitió una o dos intervenciones por pregunta, y el estudiante seleccionado aleatoriamente para votar debía hacerlo en muy poco tiempo. ¿El resultado? Votos por valores extremos, como 1 o 6. Los estudiantes comenzaron a votar en bloque y, en su mayoría, siguiendo a quien más duro gritara. La ausencia del debate y de otros puntos de vista hizo que saliera a flote nuestro extremismo.
Al final, el ejercicio nos permitió ver que, más allá de nuestra posición política, el poder de la presión y del grupo nos radicaliza. Creo que eso está pasando con la contienda electoral actual. ¿Qué clase de raciocinio puede haber en la respuesta de una persona abordada de repente por un encuestador urgido por cumplir una cuota diaria? ¿Acaso quien responde la pregunta en la calle ha tenido la oportunidad de sopesar las opciones cuando es interrumpido en su camino al trabajo, en su jornada en casa o en su oficio diario?
Estoy seguro de que, si tuviéramos la pausa, la información de contexto y el tiempo para pensar, obtendríamos otro resultado y los mejores candidatos serían los más opcionados. Ojalá los medios de comunicación, las encuestadoras y el país en general pensaran más antes de hablar.
Edgar Leonardo Duarte Forero
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