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Lo que pinta el tigre
Ya, a más de un mes de su elección presidencial en segunda vuelta y a pocos días de su posesión, el Tigre, además de rimbombantes declaraciones en redes sociales, peleas con el gobierno saliente y amenazas a grupos al margen de la ley, da la imagen de que, más allá de vociferar y hablar con los jugadores de la selección Colombia, se ha quedado en eso: en un simbolismo, en el escándalo y la bulla. Y cuando casi ha terminado de conformar su gabinete, de corte tecnocrático y ultraconservador, el Tigre va dejando su huella de lo que será: un hombre simplemente autoritario, basado en su autoimagen y los símbolos, como los nada originales videos basados en IA con los que ha presentado a sus ministros designados. Así su cercano colaborador, el senador Enrique Gómez, diga que eso no es así, el Tigre demuestra que el no tener bancada propia va a ser un acicate que lo acompañará, y que Uribe y Petro están lejos de estar acabados, como se lo demostraron. Es más, una de sus promesas incumplidas será, desde ya, la extradición de Petro, que tantos votos le dio. Fanfarria, videos y autoritarismo: la imagen que venderá.
Rodolfo Alberto Vanegas Pérez
¿Quién paga el costo de la lentitud en la vivienda?
Colombia enfrenta un déficit habitacional que suele atribuirse a la falta de recursos, de subsidios o de suelo. Sin embargo, existe un factor del que se habla muy poco: el costo de la demora. En un proyecto de vivienda, cada semana de retraso incrementa los costos de materiales, mano de obra, financiación y administración. Ese sobrecosto no desaparece; termina afectando a las familias, a los constructores o al propio Estado. Por eso vale la pena abrir un debate que pocas veces se plantea: ¿están funcionando con la eficiencia necesaria todos los actores que intervienen en el desarrollo de un proyecto de vivienda?
Las fiduciarias cumplen una función esencial al administrar recursos y proteger a los compradores. Pero, precisamente por la importancia de ese papel, también debería discutirse si los tiempos de aprobación y de desembolso responden a las necesidades del país o si existen oportunidades para hacerlos más ágiles, sin sacrificar la transparencia.
No se trata de eliminar controles. Se trata de entender que el tiempo también tiene un costo social. Una familia que espera meses adicionales por su vivienda sigue pagando arriendo, pierde capacidad adquisitiva y posterga su proyecto de vida. Colombia necesita construir más viviendas, pero también necesita construirlas más rápido. Esa meta depende de todos los actores de la cadena, públicos y privados.
La pregunta no debería ser quién tiene la culpa, sino qué cambios institucionales permitirían que los proyectos avancen con mayor eficiencia, manteniendo los estándares de control y confianza que el país exige. Porque, en materia de vivienda, una decisión que llega tarde también tiene consecuencias.
Pedro Jesús Vásquez, desarrollador de proyectos inmobiliarios.
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