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Que vuela la democracia, pero en serio

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06 de enero de 2026 - 05:00 a. m.
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Poco favor le hace a la construcción democrática usar los medios de comunicación social, su capacidad de difusión y la construcción histórica de su credibilidad para destinarse a una evidente simplificación de la realidad, adornada con adjetivaciones rimbombantes, pero carente del más mínimo sentido de crítica o de responsabilidad por brindar fuentes, ampliar perspectivas o generar interrogantes; es decir, por habilitar el pensamiento.

Muy por el contrario, el editorial del 14 de diciembre, titulado “Golpe a la dictadura para que la democracia vuelva a Venezuela”, quizás pretendiendo informar sobre el proceso político de Venezuela, asume como propia la voz de autoridad para dar por sentadas afirmaciones que, en todo caso, tienen su riqueza en tanto argumentos, y no como verdades escolásticas. El editorial es muy rico en expresiones de talante autoritario, asumiéndose como verdad incontrovertible, en claro sentido prepotente, para despotricar, descalificar y, lamentablemente, informar poco.

Simplificar la realidad venezolana tras una pseudoexplicación maniquea no resulta creíble sino para los fanatismos que el propio editorialista cuestiona: tildar al que piensa distinto de fanático (ideologizado) es la versión actualizada de la Inquisición.

Sería muy valioso para la construcción democrática, tanto de Venezuela como de nuestro país, que los medios de información contribuyeran al debate político, al contraste de posiciones, a la argumentación respetuosa de posturas contrarias y, en fin, a que sigamos colectivamente construyendo una sociedad realmente democrática, participativa y respetuosa.

La democratización en Venezuela no puede reducirse a cuestionar los delitos de las autoridades actuales, sino que debe ampliarse al cuestionamiento del accionar delictivo de líderes de oposición como Capriles, López, Guaidó o la nobel de Paz Machado. Por abundantes y evidentes que el editorialista considere las pruebas que inculpan a Maduro, ello no implica que sean inofensivas las acciones delictivas de quienes, supuestamente desde la otra orilla, dicen “defender la democracia”.

Porque la democracia que persigue a los enemigos que la vulneran pero cobija a los amigos que la atropellan (ideológicamente hablando) no es más que una tiranía; tal vez de otro color, pero no por eso menos nociva.

Andrés Pabón

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Lucila Castro de Sanchez(60806)Hace 6 minutos
Y Amêrica latina,no rechaza esos abusos,prefieren,como los de derecha colombiana,invitar al sâtrapa a que invada nuestro paîs.
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