Leo con atención el editorial del domingo 17 de mayo, “La campaña electoral exige mayor responsabilidad”. Los tres primeros párrafos del editorial aluden a la postura del Gobierno, en cabeza del presidente Gustavo Petro, señalando que hace campaña política en torno al candidato del Pacto Histórico. He hecho algún seguimiento a sus pronunciamientos en redes y a sus discursos en eventos propios de su rol como jefe de Estado, y en ellos el mandatario hace un despliegue de los programas desarrollados y de los que están en marcha, así como de los obstáculos presentados. De suyo, a portas de concluir su gobierno, bienvenido sea que los colombianos conozcamos los logros y proyectos ejecutados, así como los tropiezos y errores.
El mismo artículo genera una gran confusión en el lector, porque el texto se mezcla con las acciones de los grupos al margen de la ley que realizan actos violentos en algunas regiones del país.
Un capítulo grueso es la tarea y la acción de gobernar en cabeza del presidente, y otro particular es cómo se nombra la violencia y qué acciones adelanta el Ejecutivo para controlarla.
La palabra también tiene un gran poder. Habrá que distinguir entre una propaganda que pretenda mover emociones en el electorado y un discurso que genere ideas y presente programas y proyectos de impacto social para el conjunto de los colombianos.
En este mismo periódico, en la página 64, la contraportada, aparece la caricatura de “Mheo”, un mensaje agresivo y guerrerista para el momento coyuntural y de campaña presidencial. Preocupa que un diario como El Espectador agencie estos mensajes. Los colombianos y las nuevas generaciones clamamos por el derecho a la paz como bien primordial.
La población colombiana y los medios de comunicación estamos llamados a hacer un llamado vehemente a la Procuraduría, la Veeduría, la MOE y la Registraduría para que hagamos de esta elección presidencial una gesta de paz y democracia. Igualmente, esta reflexión va dirigida a El Espectador para que mantenga su línea democrática, investigativa y de prestigio.
Matilde Rondón Herrera
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