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Petro y De la Espriella no son comparables
A propósito del editorial del 28 de junio, titulado “Mensajes bienvenidos del presidente electo que se deben refrendar con hechos”. Si bien es un acierto advertir la necesidad de una gobernabilidad inclusiva que integre a la totalidad del país, resulta metodológicamente erróneo equiparar la figura del presidente saliente con la del nuevo mandatario. Se trata de dos perfiles con estructuras individuales diametralmente opuestas, las cuales pueden analizarse desde tres ejes fundamentales:
Formación y rigor: El mandatario saliente posee una base arraigada en la ideología de la subversión. Por el contrario, el presidente electo se ha desarrollado en el ámbito académico, bajo el rigor de la investigación, el estudio y la argumentación profunda.
Entorno personal y hábitos: Mientras que el primero carece de una estructura familiar establecida y exhibe conductas atribuibles a adicciones nocivas, el segundo cuenta con un núcleo familiar consolidado y no muestra indicios de dependencias de ese tipo.
Motivación y narrativa política: El ejercicio del poder saliente estuvo movilizado por el resentimiento social. En contraste, el nuevo liderazgo se proyecta desde un sentimiento de triunfalismo colectivo, orientado hacia el bienestar nacional mediante un discurso coherente.
La disparidad entre ambos liderazgos es tan profunda que las diferencias conceptuales y de ejecución resultarían innumerables.
Alberto Pinilla
Nada que curar
¿Por qué en esta tierra se lucha por lo que evidentemente es una expresión de la naturaleza? Golpes de pecho y discursos que no se comprometen pese a lo evidente de este hecho. La ciencia lo tiene claro: ser LGBTIQ+ no es sinónimo de enfermedad o perversión. Como expresión de la naturaleza, es la viva muestra de lo libre que es esta para producir diversas representaciones de la vida en el planeta.
Discursos de oído, expresión del miedo frente a lo diverso; palabras estigmatizadoras que tienen el alcance de la muerte y el dolor. Una voz influyente que ataca es una orden implícita de asesinato y dolor.
Batas blancas y corbatas de diversos colores que, por mantener un “redil” o unos votos, son capaces de negar lo obvio, vulnerar el derecho e ir contra la Constitución. Más aún, guardan silencio quienes deberían defenderla, enseñando el valor de la tolerancia y asumiendo una posición en favor de la igualdad.
Cobardes que validan a mayorías que se imponen en temas de humanidad como si ser más indicara la verdad. La verdad es la verdad; solo existe, y otros no mueren porque la comunidad LGBTIQ+ exista. La perversión y la enfermedad no están en el ser; están en invadir la libertad, en coartar. Estas son posteriores al ser y pueden venir desde cualquier lugar, desde cualquier dirección, desde cualquier orientación.
Yinbareza
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