En la vivienda VIS y VIP en Colombia se ha normalizado una práctica peligrosa: trasladar aumentos abruptos del salario mínimo al precio final de las viviendas sin un análisis técnico del avance real de obra. No es actualización; es simplificación irresponsable.
Una obra no se vuelve más costosa por decreto. Lo ya construido mantiene su costo histórico. Solo lo pendiente por ejecutar se ve impactado por nuevas condiciones económicas. Ignorar esta diferencia rompe cualquier modelo serio de estructuración financiera.
Cuando el precio se incrementa de manera desproporcionada, replicando mecánicamente un aumento salarial igualmente desproporcionado, se altera el punto de equilibrio. Y ese quiebre no aparece primero en una hoja de cálculo; aparece en la realidad: compradores que se retiran, preventas que se caen y proyectos que entran en modo supervivencia.
La ironía es evidente. Lo que se justifica como un ajuste para proteger la rentabilidad termina generando el escenario más costoso posible: reventas, meses adicionales sin cierre, costos indirectos acumulándose y retorno erosionado. El margen no se protege aumentando precios sin criterio; se destruye.
El verdadero problema no es el salario mínimo. Es la incapacidad de distinguir entre costo real y reacción emocional. En VIS y VIP, donde la demanda es altamente sensible al precio, cada punto mal calculado se paga con tiempo, riesgo y capital inmovilizado.
Ajustar menos de lo necesario subsidia al comprador. Ajustar más de lo debido castiga al mercado. Ambos extremos son errores técnicos.
El equilibrio financiero existe. Lo que hoy escasea es disciplina. Construir vivienda no es pegar bloques; es administrar capital bajo presión. Es comprender que el reloj es un costo y que cada mes adicional impacta directamente la rentabilidad. Sin conocimiento profundo del negocio y sin estrategia financiera, la obra no fracasa por el concreto; fracasa por el tiempo.
La pregunta incómoda es esta: ¿cuántos proyectos VIS no fracasan por falta de subsidios, sino por decisiones de precio mal estructuradas?
Pedro J. Vásquez, empresario y desarrollador de proyectos VIS y VIP.
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