A propósito del editorial del 26 de abril, titulado “Acusaciones en Palacio y un presidente desentendido”. Denota lo mal que estamos: el silencio del presidente, su incompetencia visible y cada vez más evidente. ¿A qué hora caímos tan bajo? ¿Qué clase de cuadrilla nefasta llegó a apoderarse del control de este sufrido país? No nos lo merecemos... ¿o sí?
A veces piensa uno si la democracia es lo mejor para asegurar un porvenir adecuado para una sociedad. ¿Puede ser excesiva la democracia? ¿Se puede elegir o discernir adecuadamente con libertad plena cuando hay carencia, ignorancia, incultura o simple desinterés? ¿Por qué terminan los pueblos cayendo, por vía del engaño y la seducción de cantos de sirena de aprovechadores, en los precipicios? ¿Cómo evitar caer, como en los versos tristes de Ovidio, en el caos de vivir entre los “bárbaros”? Esta es la descripción perfecta del “despeñadero”: una sociedad donde la razón, la ley y el diálogo (la vía democrática) han desaparecido, siendo reemplazados por la violencia y el miedo. Muestra que, cuando una sociedad pierde su brújula democrática y se entrega a la voluntad de un “Mesías” infalible, el destino suele ser el caos, la frustración y, acaso, la desesperanza. Tal parece ser el ambiente reinante en el círculo de poder cuando se conocen las increíbles y asombrosas incidencias del sainete petrista. Insisto: ¿tan bajo hemos caído?
Ahora que viene la posibilidad de cambio, de enderezar por la vía democrática, la pregunta sigue siendo: ¿asistiremos impasibles al despeñadero? ¿Debemos conformarnos con el designio cruel y fatal de las encuestas que tempranamente descalifican los caminos de la sensatez y la prudencia? ¿Tienen que ser los extremos nocivos los que escojamos? ¿No hay un chance para el centro, para lo racional? En todo caso, que ocurra el milagro. Que la patria emerja triunfante. Que se fortalezcan los mecanismos de corrección del rumbo cuando este empieza a desviarse. ¿En serio no hay nada que hacer con la Comisión de Acusaciones? ¿No se puede volver a meter la figura presidencial en la órbita de la CSJ?
Nicodemus Fernández, Pamplona, Norte de Santander.
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