El editorial del 31 de mayo, titulado “Sacudida la política, hay que pensar en un país para todos”, se equivoca desde el inicio —pasando por el desarrollo— hasta el final, aunque con dos pequeños aciertos. Veamos: “No hubo preconcepción política que no quedara cuestionada”. Falso: en torno al ultra Abelardo de la Espriella se sabía que toda la derecha colombiana venía alineándose alrededor de él, con el impulso abierto y soterrado del uribismo y de la ultraderecha americana, encabezada por el presidente procesado Donald Trump, pasando por el Bukele salvadoreño, el Noboa ecuatoriano y hasta el Milei argentino. Todo esto para respaldar a una supuesta nueva derecha independiente, que de nueva e independiente no tiene ni un pelo de tigre auténtico.
“Abelardo de la Espriella, hasta hace unos meses un desconocido para la mayoría de los colombianos…”, continúa El Espectador. No es cierto que este candidato presidencial sea un desconocido, pues desde hace mucho tiempo los colombianos hemos sido testigos del avance de su fama como abogado sin ninguna ética profesional, que se ha venido enriqueciendo como defensor, sobre todo, de narcos, paramilitares y todo tipo de extorsionistas y delincuentes.
El primer pequeño acierto de esta casa editorial está en decir: “El centro político, que le apostó a la moderación, comprobó su irrelevancia en las urnas y se lame hoy las heridas”. Sin comentarios, pero sigo con las equivocaciones: “A pesar de una oposición fragmentada y sin rostros visibles, las urnas fueron claras en darle una cachetada a la administración Petro y a una campaña de Cepeda que no hizo esfuerzos por agrandar la carpa. Se sintieron ganadores y hoy están contra las cuerdas”. Nada de esto es cierto, porque la oposición estuvo y estará mancornada con el ganador de la primera vuelta; y el dúo Aída Quilcué e Iván Cepeda sí hizo un gran esfuerzo en muchos recintos cerrados y plazas públicas del país, explicando con claridad sus propuestas.
También es un error concentrar todo el triunfo en la ultraderecha, calificando de histórica únicamente la votación de Abelardo, cuando la de Cepeda también lo fue. El Espectador omite esta simple estadística comparativa: Abelardo y Paloma obtuvieron el 51 % en esta primera vuelta, mientras que Rodolfo y Fico lograron el 52 % en la primera vuelta de 2022, lo cual quiere decir que la extrema derecha disminuyó un 1 %. Por su lado, Cepeda acaba de obtener el 41 %, mientras que Petro obtuvo el 40 % en la primera vuelta de 2022, lo cual indica que la izquierda subió un 1 %. Aunque la diferencia es mínima, no veo por qué al senador candidato le habría salido caro el apoyo del presidente a su campaña.
Teniendo claro que la izquierda necesita ser más autocrítica, el segundo pequeño acierto de esta casa editorial está cuando afirma: “La participación de los colombianos fue masiva… es claro que cada vez más las diferencias de opinión encuentran catarsis en las urnas. Como debe ser. Nuestra democracia muestra señales de madurez, así no sea inmune a las enfermedades típicas que han hecho mella en otros países”.
Es cierto: a pesar de las debilidades de nuestra democracia, pensando en “un país para todos”, es necesario moderar la discusión sin renunciar a las convicciones. También hay que seguir defendiendo la democracia participando en foros y debates serios de análisis político, y votando libre, consciente y masivamente en la segunda vuelta el próximo 21 de junio. ¡Ojalá que así sea!
Dairo Elías González Quiroz
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