Hoy todos abrazan, sin disimular la hipocresía, a Luis Carlos Galán. Desde Petro que empuñó las armas hasta Roy que empuña la coima, invocan su nombre sin hacer nada para preservar su legado o defender su lucha contra la violencia, la corrupción y el asalto permanente al estado.
Muy indignado está Gonzalo Mallarino, torciendo los hechos e ignorando las circunstancias históricas. Juan Manuel Galán no llevó el Nuevo Liberalismo (NL) al uribismo; increíblemente la situación es al revés. Juan Manuel se jugó a fondo para crear una fórmula que hiciera posible una alternativa frente a las nefastas opciones que arrastraban a Colombia al abismo.
Con Luna y Cárdenas emprendió una difícil cruzada, pero mientras ellos traían sus cédulas y poco más, Juan Manuel Galán, como director del NL y contando con organización y presencia nacional, arriesgaba mucho más que ellos y le daba factibilidad a una consulta que en ese momento parecía imposible.
Galán perseveró ante el escepticismo de muchos y fue convocando a otros aspirantes acudiendo al principio, muy liberal, de diálogo entre distintos.
Y lo extraordinario, lo novedoso en la actual situación apremiante para la democracia, fue que quien se arrimó a la Consulta y buscó tender puentes con el NL fue Uribe. Ahí están los gestos y los hechos que demuestran ese tránsito impensable hace apenas un lustro.
Con una moderación inédita, dispuesto a hablar de reformas sociales y de visiones diversas, en el marco de una concertación nacional que el país reclama desde hace años. Uribe y algunos en su partido también están pagando el precio de atreverse a escuchar otras voces buscando concertar soluciones.
Los críticos de ocasión olvidan que las reglas de una consulta interpartidista conllevan a que el ganador se convierte en el candidato oficial de los partidos que estaban disputando bajo un acuerdo. La entrega del aval del NL a Paloma y Oviedo es un corolario legal y político, como es apenas lógico.
Todos los que hoy se desgarran diciendo que Galán se revuelca en la tumba prefieren ignorar la estatura republicana de su pensamiento.
Salvar la democracia es y debe ser la prioridad de un liberal, y hoy está en evidente peligro. Así lo habría entendido Luis Carlos Galán hoy, como lo hizo en 1986 declinando su candidatura para enfrentar la amenaza del narcotráfico al Estado de derecho.
La interpretación de cada momento histórico y el papel que nos corresponde cumplir es exactamente la lección que nos dio Luis Carlos Galán. Nos sentimos coherentes, patriotas, liberales y muy galanistas defendiendo la separación de poderes, las libertades individuales y económicas, y la institucionalidad contemplada en la Constitución. ¡Nada menos!
Andrés Talero Gutiérrez.
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