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Desde décadas anteriores, en nuestra democracia, las instituciones del Consejo Nacional Electoral, la Registraduría, la Contraloría y la Procuraduría no habían sido tan independientes en sus direcciones ni tan preparadas en conocimiento y tecnología para afrontar las próximas elecciones.
Los directores de estas instituciones han demostrado ser funcionarios de convicción y conocedores de sus oficios, capaces de dirigir, con su experiencia, a los funcionarios y delegados que están a su cargo.
Usted, colombiano, con toda libertad y mediante su voto, puede decidir los destinos de nuestra nación y contribuir a brindar esperanza de una mejor calidad de vida a las generaciones venideras: sus hijos, descendientes, estudiantes, campesinos, empresarios, indígenas y olvidados. A pocos días de este trascendental evento, tiene usted la oportunidad de ayudar, con su elección, a la persona que considere más acertada para ocupar el cargo público que dirigirá durante los próximos cuatro años los destinos de nuestro país.
Hay candidatas y candidatos que, con honestidad, conocimiento y dedicación, podrán presentar realizaciones y programas que mejorarán la vida de todos los ciudadanos, brindando mayor bienestar, salud, educación, trabajo y mejores condiciones de existencia. Entre los postulados, escoja con cuidado su preferencia al momento de sufragar. Tómese su tiempo y asuma ese momento con plena conciencia del poder de su decisión.
Cerca de diez personajes, provenientes de todos los pensamientos políticos, se han lanzado como salvadores de un país inmerso en enormes dificultades, desigualdades y violencias.
Alguno de ellos, de manera vergonzosa, mediante abundante y falsa publicidad, ha logrado disfrazarse y llamar la atención de cientos de personas incautas y esperanzadas. No pierda, por el bien de su familia y de su humanidad, lo más preciado que tiene como miembro de nuestra sociedad: su voto.
Su sufragio, honestamente consignado, será parte del número decisorio de votos que permitirá el nombramiento del candidato de su preferencia para alcanzar tan alto cargo de servicio público.
Con la eficaz colaboración de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional para controlar el orden público, seguramente no existirán los mal llamados “mantos de duda”. Esa duda, manifestada en redes sociales y micrófonos, surge de la incertidumbre ante una posible derrota del candidato de ciertos afectos ya conocidos.
Este manto, latente solo en el ambiente de su creador, tiene un único propósito: generar confusión entre los ciudadanos indecisos y faltos de sensatez. Esperemos que este inadmisible pensamiento no se manifieste después de los resultados, al finalizar la jornada democrática, pues la única respuesta que podría surgir, como en convocatorias anteriores, sería el lanzamiento a las calles y plazas de los siempre inconformes, desadaptados y violentos, en señal de rechazo.
Sin medir las consecuencias, el resultado de esa duda puede ser desmedido y peligrosamente insospechado. Pero vote, no bote su voto; hágalo con conciencia. Usted decide. No lo venda ni lo cambie: es suyo, y debe apropiarse de él con toda la libertad e independencia por las cuales han trabajado miles de personas comprometidas con los destinos de nuestra resistente, esperanzada y democrática patria.
Octavio Valcárcel Botero
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