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Ciudadano antes que cumpleañero

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04 de febrero de 2026 - 05:04 a. m.
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Nací el 28 de mayo de 1998. No lo sabía entonces, pero ese día el país decidió marcarme de por vida con una tradición democrática imposible de evadir: cada cuatro años, durante la semana de mi cumpleaños, Colombia elige presidente.

Mientras otros celebran con torta, brindis y amigos, yo celebro con debates presidenciales, encuestas de última hora y la siempre confiable Ley seca. La democracia, generosa como es, decidió que mi regalo recurrente sería la abstinencia etílica y la sobredosis de análisis político. No es una exageración. Desde que tengo memoria, mi cumpleaños cae sistemáticamente en la semana de la primera vuelta presidencial. 2006, 2010, 2014, 2018, 2022 y, como no podía ser de otra forma, 2026. Cambian los candidatos, cambian los discursos, pero mi 28 de mayo permanece fiel a la jornada electoral.

Durante años me resigné. Aprendí a celebrar con café, a soplar velas mientras en televisión alguien hablaba de gobernabilidad, y a aceptar que en Colombia la democracia no descansa y tampoco deja descansar.

Este año, sin embargo, decidí rebelarme. Pensé, ingenuamente debo decir, que después de tantos años podría celebrar mi cumpleaños como cualquier adulto funcional: viajando, brindando y sin escuchar la palabra “segunda vuelta”. Todo iba bien hasta que encendí el televisor y vi un debate presidencial. En ese momento lo entendí todo. Otra vez. Año electoral.

Pero el país, siempre atento a sus ciudadanos, decidió ir más allá: me premió con el honor supremo. Fui designado jurado de votación. No solo me quitó la celebración, sino que me asignó la misión de custodiar la democracia el mismo día en que debía estar celebrando mi existencia. Así funciona el amor en Colombia: exigente, patriótico y sin derecho a reclamo.

Confieso que por primera vez estoy considerando una medida extrema: pagar la multa, salir del país y cumplir años en un territorio donde la democracia no me persiga con formularios E-14. No es un acto antipatriótico; es un acto de supervivencia emocional.

Porque una cosa es creer en la democracia, y otra muy distinta es que te caiga el mismo día del cumpleaños… durante casi tres décadas. Tal vez este sea el verdadero sacrificio ciudadano del que nadie habla: cumplir años en estado de excepción.

Diego Andrés Navarro Rangel

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RODRIGO LOPEZ(61244)06 de febrero de 2026 - 01:10 p. m.
Me gustó su articulo. ¡Muy bien escrito!
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