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Colombia fracturada: dilema electoral sin criterios claros

Cartas de los lectores

24 de junio de 2026 - 01:26 a. m.

Érase una vez la Gran Colombia, la Nueva Granada, la Confederación Granadina, los Estados Unidos de Colombia, la República de Colombia y hoy la Fracturada Colombia. Y sí, estamos fracturados, no solo en dos pedazos de izquierda o derecha, sino en seis clases sociales, y podría argumentar que realmente son ocho; también estamos fracturados en sectores económicos y en 32 departamentos.

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Sí, sí somos la Fracturada Colombia. Hoy, a dos tres de la segunda vuelta presidencial entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, Colombia está muy lejos de ser y de convertirse en la Colombia de mis sueños: la Colombia de magia salvaje, con amigos en cada esquina, con partidas de dominó en la tienda de la esquina, la del parque seguro para jugar en el columpio. Hoy la tierra de mil colores se ve gris, oscura, sucia de basura y de rojo; se ve con miedo de saludar al vecino, se ve como un día lluvioso que no termina, que llena los caños de agua hasta que se inundan, formando arroyos que arrasan todo y a todos.

Y ojo que ninguno de los dos llega arrasando: en la primera vuelta del 31 de mayo, De la Espriella fue el más votado con un 43,7 %, dejando a Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, apenas tres puntos atrás, con cerca del 41 %. Es decir, este domingo 21 de junio, el país se divide casi por la mitad para decidir entre la derecha y la izquierda. ¿Qué más prueba de que estamos fracturados?

¿Yo qué sé de política? Absolutamente nada, y eso es saber más que el promedio de los votantes colombianos. No es un insulto, aunque lo parezca: es la realidad. A mí me enseñaron la estructura política del país y las diferentes corrientes, pero, obvio, no cómo escoger un buen candidato. ¿Qué determina que alguien sea un buen candidato? ¿Cuáles son los factores a tener en cuenta? ¿Será la hoja de vida? ¿Las propuestas? ¿El partido político? ¿Cuál será ese determinante? ¿O la típica respuesta que recibo: “lo que más me convenga”?

La sociedad colombiana está tan pobremente educada que está tomando a estos dos candidatos e idolatrándolos más que a los dioses de la antigua Grecia; los defienden a puño, ponen su branding como si fuera parte de su marca personal y no aceptan ni un solo argumento acerca de las acciones de cada uno. Recordemos que son humanos con poder y con una maquinaria de marketing impresionante, y que nosotros, como ciudadanos, tenemos la responsabilidad extremadamente grande (quizá demasiado grande para que la asumamos nosotros, pero entonces, ¿quién la asume?) de decidir quién queda como presidente o presidenta. ¿Y no abrimos el espacio al diálogo ni al análisis crítico?

Los invito a leer, a analizar, a pensar más allá de nuestros propios beneficios y a realizar un análisis crítico de lo que consumimos en las redes. No seamos ovejas, seamos sapiens.

Jenny Navarro

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