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Ya es lejano el domingo donde Abelardo de la Espriella ganó la presidencia con un pequeño margen de diferencia del 0,96%, pero con su victoria la pesadilla más aterradora de millones de colombianos –me incluyo– se hizo realidad.
Ese país que una versión del presidente electo dijo estar lleno de “cafres” e “ignorantes” –en lo que puede ser hasta un cuento– finalmente lo eligió, pese a las advertencias sobre su plan de gobierno, o sus tendencias autoritarias e incapacidad para recibir críticas, que se hicieron visibles.
Más grave aún, hubo varios hechos que encendieron la alerta para casi tres millones de indecisos que en segunda vuelta votaron por Cepeda, entre estos incluyo la detención del activista Beto Coral en Estados Unidos, motivada por las críticas que ha hecho, lo que constituye una clara persecución política.
En segundo lugar, la publicación de datos sobre el vuelo del reconocido periodista Daniel Coronell y, por último, la respuesta con que atacó la investigación de interés público que hizo la revista Cambio titulada “Campaña de Abelardo de la Espriella registró pagos por 1.299 millones a una empresa fantasma”. Sobre ella se sostuvo desde la campaña del abogado que tenía la intención de alterar los resultados de segunda vuelta, sumado a otros ataques que la misma FLIP advirtió expresando que se usaba un patrón de ataques, descalificaciones, señalamientos y acoso judicial contra los periodistas independientes.
Adicionalmente, en varias entrevistas a De la Espriella se le vio con su fórmula vicepresidencial José Manuel Restrepo que fungió de “salvador”, porque era a él al que acudía el abogado cuando no tenía ni idea de las preguntas que le hacían.
En ese vaivén de declaraciones, el ahora presidente electo incluso aseguró que iba a pagar la deuda que se tenía con el Fondo Monetario Internacional, una deuda ya saldada, que pagó el propio Petro.
Pero, bueno, si me tomo el tiempo para exponer los riesgos y errores de Abelardo no acabo… la realidad es que motivados por eso que María Jimena Duzán llama “la petrofobia” millones de personas votaron por la “Patria Milagro”.
Muchos tristemente tomaron la decisión de apoyar a este candidato solo porque vieron validadas esas ideas que socialmente son inaceptables, como aquella frase de que hay que “destripar” al otro, de que quien habla de derechos humanos es guerrillero, de que los derechos conseguidos por diversidades étnicas, minorías, mujeres, poblaciones ancestrales hay que eliminarlos. El gran vencedor el 21 de junio fue el discurso de odio y el lastre de la violencia en una expresión fuerte.
Porque, aunque hay quienes se autodenominan como “ciudadanos de bien” y se rasgan las vestiduras diciendo que defienden la democracia apoyando a De la Espriella, lo que vemos es que este sistema les sirve solo cuando está lejos en un papel. Cuando se enfrentan con discrepancias muchos se limitan a atacar y silenciar.
No voy a decir que Cepeda era perfecto. Tuvo errores en campaña que le costaron, pero dio declaraciones con preparación que lo alejaron del show y de los señalamientos contra otros que no pensaban como él.
Sin embargo, con unos resultados tan apretados, es imposible desconocer al otro, e incluso me atrevo a decir que es ello –la deshumanización de los demás– lo que nos ha tenido por años en un conflicto interno. Por lo que percibo recientemente, ha caído el nivel de debate en diferentes espacios creando un coctel con descalificaciones, amenazas, insultos, y poca altura por parte de los dirigentes políticos para tender esos puentes tan imprescindibles. ¿Cómo no tener miedo?
Sara Alejandra Marín Valencia
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