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Dolly Cifuentes y su hija

Cartas de los lectores

10 de junio de 2012 - 06:00 p. m.

Ante todo, debo aclarar que no soy uribista.

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La DEA acusa a la cuñada y sobrina del expresidente Álvaro Uribe Vélez de tener nexos con el cartel mexicano de Sinaloa, por el envío de 30 toneladas de cocaína y lavado de activos entre 2009 y 2011. Dolly Cifuentes Villa, de 48 años, y su hija Ana María Uribe Cifuentes, de 31, hija de su difunto hermano Jorge Alberto, fueron aprehendidas en Colombia con fines de extradición a Estados Unidos. No sería el único caso en Colombia, la lista es larga, pero citaré algunos casos. El hermano del general saliente de la Policía, Óscar Naranjo Trujillo, Juan David, estuvo preso en Alemania por narcotráfico. El hermano de Poncho Rentería Mantilla, escritor de peluquería, Carlos Alberto, está preso por pertenecer al cartel del Valle. La excanciller María Consuelo Araújo Castro tuvo que renunciar porque su padre y hermano, los Álvaros, fueron señalados por secuestro y parapolítica respectivamente, Álvaro hijo está en la cárcel La Picota. Guillermo León Valencia Cossio, hermano del exministro del Interior, Fabio Valencia, también está preso por parapolítica. Nueve miembros de las familias Vives Lacouture delinquieron en uno de los desangres financieros más viles, Agro Ingreso Seguro, por robo a los campesinos colombianos, pero estos sinvergüenzas aún están sueltos. Y así, una lista de etcéteras. ¿Uribe y los demás familiares tienen la culpa de que sus familias delincan? ¿Será que Carlos Vives tiene que responder? El ser humano responde por sí mismo, la familia es otra cosa, carga con el lastre, pero nada más.

Helena Manrique. Bogotá.

Inquietante

No deja de ser inquietante que el Consejo de Estado no hubiera avalado la contratación directa con ISA de las Autopistas de la Prosperidad. Y no porque sea la única empresa que lo pueda hacer, sino porque la perspectiva de las licitaciones, que debería ser prenda de garantía en transparencia, no lo es. Y no lo es porque los Nule ganaron licitaciones, como las ganaron tantos otros corruptos en Colombia. Y no lo es porque el Túnel de La Línea tiene años y años de retraso porque las licitaciones eran una y otra vez declaradas desiertas y porque ahora le llueven acciones para paralizar las obras. Lo mismo las otras obras importantes del país. Las licitaciones no son prenda de transparencia, ni eficiencia y, si acaso, hay ejemplos de que lo contrario puede ser cierto. Pocas obras de ingeniería en Colombia son entregadas a tiempo, con los costos que corresponden y sin malolientes patrañas... No quisiéramos ver estas autopistas retrasadas 10 años por la corrupción, la incapacidad o la ineficiencia o por las tres cosas al mismo tiempo. El país no aguanta.

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Nelson Vanegas. Medellín.

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