Los conciertazos
Acaba de finalizar otro Estéreo Picnic en el parque Simón Bolívar, como sucede cada año. Uno más de los innumerables eventos masivos que acontecen en la ciudad y de manera consecutivas llegan al parque, sin que cuente con la infraestructura adecuada para congregar miles de personas para las diversas manifestaciones masivas, en espacial la música. Para ello han utilizado durante más de 20 días gran parte del espacio verde y se han tardado en recoger toda la logística.
Es claro que este espacio se convirtió, con la venia de la Alcaldía Mayor, en el lugar predilecto de productores de espectáculos, quienes encontraron un lugar para sus actividades culturales sin ser creado para ello. Es por eso que después sigue el concierto cristiano y el concierto de chucu chucu y conectando corazones y el concierto de conciertos y el concierto de rock y muchos más festivales al parque, y la lista es interminable, porque falta todo el segundo semestre… Así, han convertido este pulmón de la ciudad creado para la recreación, el descanso y el deporte en una plazoleta de eventos muy rentables en términos económicos para los productores y la administración distrital, que ante los múltiples reclamos solo atina a decir que el festival aportó tanto dinero en ingresos para la ciudad. No miden el daño ambiental y ciudadano que causa un festival de tres días hasta las tres de la madrugada en el vecindario y con nuevas pruebas de sonido al amanecer. Esto sin contar el ecocidio que causa año tras año, especialmente en aves que habitan el parque, el ruido por encima de 70 decibeles, el cierre de vías, las aglomeraciones y luego los asistentes ubicados en los parques de los barrios circunvecinos. Beben hasta el amanecer, sin ninguna consideración por los hospitales que ya han mostrado su inconformidad con el relicto del parque Simón Bolívar convertido también en corraleja, Vive Claro, para grandes conciertos
Señor alcalde y administración del IDRD, como dice un tristemente célebre político; “plata es plata”. Este no puede ser el indicador más importante. Deben medir las consecuencias sociales y ambientales que causan al abrir de manera indiscriminada el uso del parque a comerciantes del espectáculo que no tiene ninguna consideración con el vecindario de la localidad de Teusaquillo. Esos comerciantes –ante la rentabilidad que ha derivado al presentar artistas nacionales e internacionales turnados con Vive Claro y con la anuencia de la alcaldía y la gobernación de Cundinamarca– acabaron con el humedal y el parque Simón Bolívar para convertirlo en centro de eventos.
Enrique Espitia León.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com