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Fonseca atípica

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13 de febrero de 2026 - 05:05 a. m.
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Comparto un retrato literario de la dinámica política que vive el municipio de Fonseca, La Guajira, marcado por la repetición de elecciones atípicas y la imposibilidad de culminar períodos administrativos. El texto no se plantea como una denuncia directa, sino como una pieza narrativa que explora el paisaje, el ambiente social y la cultura política que rodean estos procesos. A través de una mirada local, intenta aportar a una conversación más amplia sobre gobernabilidad, responsabilidad ciudadana y las consecuencias institucionales de la inestabilidad política en las regiones.

Fonseca atípica

Es un día de febrero cualquiera.

La ruralidad de estas tierras es embellecida por los arrozales. La embocada es teñida de oro claro por los cañaguates florecidos. El viento, aromatizado por el café, recorre las calles.

Calles alegradas —o entristecidas— por la algarabía de la muchedumbre.

Una parte grita, exigiendo justicia.

Otra baila al son del fallo.

Hacen propio el dicho de que la mentira cae por su propio peso. Ha caído el corrupto.

Llegó la hora de la verdad.

Entonces es hora de volverte a poner la camiseta.

No la del color que te representa, sino la que más te convendrá.

Salen las banderas.

Rojas, amarillas o naranjas.

Para un pueblo daltónico, el color no tiene sentido.

Ni el sentido tiene pertenencia.

Pues en este pueblo, como en toda La Guajira, toda conciencia tiene precio, y la corrupción no es una opción: es costumbre.

La caravana se tiene que organizar.

Hay que contratar un sonido grande y fuerte para animar y avanzar, para que la gente brinque y salte,

y Fonseca no avance.

Porque aquí, hace años, ningún período se culmina, y se hacen más elecciones que obras.

Terminada la caravana, el pueblo vuelve despavorido.

No a la certeza, sino a la expectativa.

A la expectativa de qué traerá esta nueva odisea.

Con la seguridad de lo que no traerá:

la pavimentación de sus calles

ni el sistema hídrico sanitario para los barrios que carecen de estos derechos vitales. Para eso no hay presupuesto.

Para hacer campaña y organizar elecciones cada dos años,

sí.

Keiner Ramírez, Fonseca, La Guajira

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