“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”, escribió Camus en 1942 en El mito de Sísifo. Ayer, uno de mis vecinos decidió que la respuesta a ese problema era dejarse ir junto a la roca. Es ciertamente triste y desconcertante enterarse de esto. Sin embargo, para esta columna solo importa el suceso, no la identidad. Importa porque en Santa Marta, como en el resto del país, seguimos repitiendo las mismas respuestas vacías cada vez que escuchamos una de estas noticias.
Camus planteó que la vida es absurda: buscamos sentido en un universo que no nos lo da. Pero su conclusión no fue el suicidio, sino lo opuesto: la rebeldía. Propuso que debemos aceptar el absurdo y vivir plenamente a pesar de él, como Sísifo empujando eternamente su roca cuesta arriba, consciente de la futilidad, pero dueño de su destino. El suicidio, para Camus, no es una respuesta sino una rendición. El problema es que esa rebeldía filosófica requiere algo más que voluntad individual: requiere una red, una comunidad que sostenga cuando el peso de la roca se vuelve insoportable. Y ahí es donde estamos fallando.
Vi la noticia del suicidio de mi vecino en Facebook. Los comentarios eran predecibles: “Falta de Dios”, “Se veía tan feliz”, “Qué tristeza”. Pero se olvidaron de que hay un vacío ahora en un apartamento que está arriba, abajo o a sus laterales, donde vivió alguien que se rindió ante el absurdo.
Según Opinión Caribe, en Santa Marta se registraron 15 casos de suicidio y aproximadamente 195 intentos en 2023, cifra que viene en aumento desde 2020. En Santa Marta, en los cuatro años que llevo aquí, he sabido de al menos cinco casos. Pero las cifras no capturan lo peor: la indiferencia sistemática. Nos regocijamos en campañas sobre salud mental en colegios y universidades, pero los recursos nunca funcionan. El chiste recurrente en redes sobre el mal trato en los psicólogos de la EPS es exagerado, sí, pero nace de una verdad incómoda: el sistema de salud mental en Colombia es precario, especialmente en ciudades intermedias como la nuestra.
Entonces, ¿qué vamos a hacer? Porque criticar las respuestas superficiales y la precariedad del sistema de salud mental es irrelevante si no se hace algo. Desearía poder hacer más que solo dar mi opinión, pero mi intención con esta carta es que empecemos a pensar más allá del acompañamiento vacío escondido en comentarios repetitivos. Mi vecino empujaba solo la roca y, dueño de su destino, se rindió ante la lucha. Esa es la verdad incómoda en la que debemos pensar. Mientras tanto, si alguien necesita no empujar solo: Línea 106, disponible 24/7. Hablemos más allá de las campañas mediáticas, pero también actuemos cuando alguien cerca nuestro esté a punto de soltar.
Anónimo por solicitud del autor, desde Santa Marta
Nota del editor: En este enlace se pueden encontrar líneas de atención gratuita para casos de salud mental e ideación suicida en cada departamento del país.
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