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La minería o vender el sofá

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05 de agosto de 2026 - 11:00 a. m.
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La sabiduría popular cuenta la historia de un hombre que llega a su casa y sorprende a su esposa siéndole infiel con su mejor amigo en el sofá. Indignado, toma una decisión radical: vende el sofá.

Aunque parezca absurdo, esa es la forma en que Colombia está enfrentando una de sus mayores oportunidades para generar riqueza, empleo e infraestructura: la minería. En lugar de corregir los errores, fortalecer las instituciones y exigir que la actividad se realice adecuadamente, hemos optado por condenarla.

Colombia posee abundantes recursos naturales. Bajo nuestro territorio existe un enorme potencial mineral que podría convertirse en carreteras, escuelas, hospitales, empleos dignos y desarrollo regional. Sin embargo, aprovecharlo exige el mismo esfuerzo institucional que realizaron países como Chile, Australia, Canadá o Noruega, que convirtieron sus recursos naturales en instrumentos de progreso.

Es falaz creer que la única manera de explotar los recursos minerales es destruyendo el ambiente, desplazando comunidades o permitiendo que la riqueza salga del país. Es como suponer que, por llevar a un amigo a casa, la infidelidad en el sofá será inevitable. No lo es.

El problema está en la falta de instituciones sólidas, controles efectivos, planeación territorial y reglas claras. Permitir la minería no significa claudicar ante las empresas. Significa autorizar, vigilar, sancionar y garantizar que una parte significativa de la riqueza producida permanezca en las regiones.

Mientras otros países aprovechan sus ventajas naturales, Colombia continúa rezagada en ingreso por habitante, a pesar de ser un país con población y territorio considerables. Nos hemos concentrado en resolver problemas que todavía no tenemos, mientras ignoramos los que sí padecemos: pobreza, informalidad, desempleo, atraso vial y falta de oportunidades en el campo.

Nuestro principal desafío no es el exceso de industrialización. Es precisamente la ausencia de una industria fuerte. Tampoco es un consumo energético desbordado, sino la incapacidad de llevar energía, infraestructura y empleo formal a buena parte del territorio.

Colombia necesita aprovechar racionalmente sus recursos para financiar las obras que le permitan conectar la cordillera de los Andes con los dos océanos, hacer competitivo al campo y cerrar las brechas entre las regiones.

Necesitamos un cambio de paradigma. Generar riqueza no es censurable y utilizar responsablemente los recursos naturales no es un pecado. Lo censurable es tener enormes riquezas bajo nuestros pies y mantener a millones de personas sin oportunidades.

La minería y el petróleo pertenecen al sector primario de la economía porque pueden ser el primer paso de una transformación productiva. No deben ser el destino final, pero sí pueden proporcionar los recursos necesarios para desarrollar industria, tecnología, infraestructura y educación.

El verdadero reto no es prohibir la minería. Es hacerla bien.

De lo contrario, seguiremos vendiendo el sofá mientras el problema permanece intacto.

Elkin Giovany González González, ingeniero de minas.

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