El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La revolución fallida

PUBLICIDAD

¿Será posible que todos los valores por los que se libró la Revolución Francesa (la libertad, la igualdad y la fraternidad) se hayan perdido? A primera vista, parece que no. Ahora tenemos derechos humanos, soberanía nacional y, claro, igualdad ante la ley, ¿verdad?

Sin embargo, al hacer unas preguntas concretas, se empiezan a ver grietas en nuestra “victoriosa revolución”. Preguntas como: ¿Somos realmente iguales ante la ley? ¿Vive usted en un país fraternal? ¿La soberanía del territorio es absolutamente del pueblo votante? Se podría argumentar que no somos franceses, sino colombianos. No obstante, nuestros libertadores, leyes y pensamiento tienen su nacimiento tras dicha revolución. Con eso aclarado, intentaré contestar esas preguntas.

¿Somos realmente iguales ante la ley? Sí, solo que nuestra Constitución reconoce diferencias étnicas entre su población, marcando diferencias en el trato que reciben del Estado, a veces garantizando representación sin voto popular. Los artículos 7, 171 y 246, entre otros, se unen para contradecir la igualdad constatada por el artículo 13. No es mi deber cuestionar la justicia en dichas normas, solo contestar a la pregunta que formulé.

¿Vive usted en un país fraternal? La respuesta es un “sí” a medias. Somos colaborativos, siempre nos preocupan los demás y buscamos lo mejor para todos. Pero cuando se conocen las diferencias de pensamiento, la cosa cambia. Nos volvemos violentos con el que piensa distinto, somos capaces de abandonar nuestra característica cordialidad, solo porque el otro cometió el “pecado” de opinar. La tolerancia la gozan unos pocos de nosotros. Deberíamos ser fraternales siempre.

¿La soberanía del territorio es absolutamente del pueblo votante? Esta última se la contesto con más preguntas. ¿Se siente seguro viajando por todo el territorio nacional? ¿Nuestras Fuerzas Armadas pueden servir y protegerlo en todo el territorio, o hay alguna excepción? Finalmente: ¿La democracia opera sin problemas, es decir, la gente vota libremente y se gana con una mayoría, tal y como pretendían los franceses, o quizás opera con una norma distinta que no me informaron? Dígame usted.

Con eso en cuenta, nuestra representación ante la ley, nuestro modo de percibir el territorio y nuestras propias vidas, quizás no van tan acorde con la revolución que tanto alegamos “marcó un antes y un después en la humanidad”. Ya no tenemos un chivo expiatorio, una María Antonieta, pero muchas de las injusticias de las que se quejaban antes siguen hoy. La diferencia está en que nosotros, los colombianos en general, nos hemos vuelto muy conformistas con nuestras aspiraciones de país.

Thomas Ospina

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Leer más
Leer más