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Con la contundente votación contra la corrupción en nuestro sorprendente país, el pueblo traza un camino que los gobernantes actuales y futuros deben transitar, haciendo las correcciones pertinentes, si queremos que Colombia progrese y nuestra juventud y niñez aprendan nuevas costumbres preñadas de transparencia.
Para que la anterior situación se dé es menester recordar a Carlos de Secondat barón de Montesquieu, filósofo y jurista francés, que luchó denodadamente por la sociedad francesa y en política estableció la teoría de la separación de poderes, diciendo que en un país organizado y democrático deben existir tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial.
Estos tres poderes deben trabajar separadamente, respetando su órbita constitucional, pero deben tomar sus decisiones en armonía, buscando el interés general de la nación.
En nuestro caso colombiano, el presidente de la República, trabajando con sus ministros y todo su equipo de gobierno, debe organizar su programa de gobierno y cumplir a sus gobernados las promesas de campaña.
El Congreso de la República, haciendo también su trabajo. Cada parlamentario presentando su proyecto de ley, mirando el interés general del pueblo colombiano, sabiendo que hay muchos problemas que se deben resolver, y es necesario trabajar en armonía con los demás parlamentarios, para que las leyes que se debatan y se aprueben beneficien realmente a todas las regiones en sus muy sentidas necesidades.
El poder judicial, compuesto por las cortes: Corte Constitucional, Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. Y de ahí hacia abajo la enorme cantidad de juzgados a escala nacional, de acuerdo a sus jurisdicciones y responsabilidades, para que los ciudadanos perciban la justicia, y el habitante inocente sea absuelto y el ciudadano culpable reciba la pena y el castigo adecuado. En cualquier ámbito de nuestra sociedad debe existir un respeto absoluto por los derechos y funciones de nuestros congéneres.
Digamos respeto de padres a hijos, de hermanos entre sí, con los vecinos; y si miramos las altas cortes, máximas autoridades dentro de nuestro ordenamiento jurídico y legal, máximo respeto entre ellas, y de parte de nosotros los ciudadanos, acatamiento absoluto por sus providencias y fallos. Solo los delincuentes irrespetan a los altos magistrados, demostrando astucia y malas intenciones. ¡Colombia necesita justicia! ¡Apoyemos las decisiones de sus magistrados!
Luis Castellanos García. Bogotá.
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