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Cartas de los lectores
07 de noviembre de 2011 - 11:00 p. m.
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Respecto al artículo de Héctor Abad Faciolince, en El Espectador del 6 de noviembre de 2011, titulado: 'Ay Manizales del agua', ¿por qué motivo se debe sentir uno "ardidito y con cierta rabiecita a flor de piel" porque el prójimo tenga movilidad social, intelectual, política y económica?

Es lo que me pregunto cuando leo frases y párrafos enteros donde el autor siente la clásica envidia, que siempre será un pecado capital aterrador, como lleno de bastardía para el que esté aprisionado por él. Por qué dolerle a uno que los descendientes de los colonizadores de la Antioquia del Sur se hubieran preocupado porque sus hijos estudiaran y leyeran los clásicos y muchos libros valiosos e importantes, que por no leerlos los antioqueños natos se quedaron en lo mismo en cuanto a la riqueza de sus tertulias o encuentros familiares, donde le rinden culto “al hijueputazo” como a las broncas y aturdidoras palabras de ese estilo que no le podrán gustar a los oídos de los manizaleños, que por los efectos de tener empresarios alpargatones y muy serios y respetuosos con el temor de Dios, gracias a Dios no les pasó por sus cabezas ilustradas y selectas “meterse y ensuciarse” con los negocios del narcotráfico, por ejemplo.

Lo del ejercicio de la política en Caldas, como en Colombia, ha estado marcado por el clientelismo, como en su momento lo dijo Carlos Lleras Restrepo, fenómeno repelente y asqueante que sacó de su ejercicio a las personas prestantes y nada amigas de hacer con ella fortunas mal habidas. Hoy por hoy muchos la convirtieron en un negocio. No es en Manizales únicamente donde opera tan bárbaro estilo; es en los 1.102 municipios que componen a esta bella Colombia, que siempre será bella y hermosa a pesar de la minoría amiga de todas las manifestaciones de la corrupción y a unos partidos tradicionales, que no han respetado el servicio público, nombrando “pericos de los palotes o pepes pegoteros” en los cargos del Estado.

Para terminar le recomiendo al escritor que se estudie la vida de prestantes maestros, literatos, políticos, sacerdotes, dirigentes de la bella época... que hicieron el alma selecta y encantadora de todos los seres humanos que habitamos esta encantadora ciudad, que a pesar de las graves crisis en su economía cafetera, como de otras dolamas, sigue y seguirá enhiesta y con mucha fe cristiana. Nuestro temperamento no es colérico ni sanguíneo, es simplemente flemático, que es el mas inteligente de todos.

Todos esos ancestros sí que gastaron plata en matrículas, libros, giros a Popayán, Bogotá, París y Londres para que sus hijos entraran en nuevas dimensiones del saber en todas las disciplinas. Don Héctor Abad parece ser colérico y sanguíneo, además de envidioso.

Rogelio Vallejo Obando. Manizales.

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