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Para que haya paz en una sociedad, lo primero es que sus habitantes sean pacíficos.
¿Cómo se logra que las personas sean pacíficas? El ser humano es la suma de cuerpo, mente, espíritu, afecto y civilidad. Si cada persona tiene satisfechas sus necesidades básicas fundamentales en cada uno de estos elementos, es muy probable que la violencia se minimice y el delito sea excepcional. Estas necesidades básicas son salud, alimentación adecuada, educación, empleo y empresa, ingresos dignos, vivienda, recreación.
Satisfechas estas necesidades, el país será próspero, competitivo. Es cierto que la persona que se ha formado para delinquir y solo sabe delinquir, tiene muy poca opción de cambiar para ser pacífica.
Pero, ¿cómo formar personas pacíficas?
Formar personas decentes, cultas, respetuosas, finas, es tarea del hogar y de la escuela. También de la sociedad y de los medios. La ordinariez, la vulgaridad, la respuesta que ofende, destruye o agrede, los gestos desafiantes, las maneras rudas de ofrecer las manos, el tono de voz que reta, la presentación que repugna, no ayudan a formar personas pacíficas y se tornan enemigas de la paz en la sociedad.
Y para formar gente decente se necesitan políticas de Estado y de la sociedad y no solo leyes, que muy poco sirven para estos menesteres.
Creo que la firma de pergaminos tampoco es útil para formar personas pacíficas.
Carlos Fradique-Méndez.
Bogotá.
El editorial de ayer
Complejo el momento político. Por eso el editorial: “La jornada de hoy”, no sabe a nada. Es incoloro, insaboro e inodoro. Ni chicha ni limoná. Es imposible estar bien con dios y con el diablo. O de pronto. Mucho mejor ubicado el artículo de Eduardo Sarmiento Palacio, “El debate económico”. El problema es de modelo económico. Por un lado. De otro, Ramiro Bejarano pega en el blanco con su artículo “A boca de urna”. Y, lo fundamental y definitivo en este domingo de elección presidencial: “Paz imperfecta o guerra perpetua”, de Rodrigo Uprimny.
Tiberio Gutiérrez. Bogotá.
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