Publicidad

Siete meses sin agua en Villavicencio: ya no aguantamos la sed

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Cartas de los lectores
02 de enero de 2026 - 05:05 a. m.
"Desde mayo, cuando el acueducto principal colapsó, nos han prometido soluciones “próximas”": Gerardo Salcedo Herrera
"Desde mayo, cuando el acueducto principal colapsó, nos han prometido soluciones “próximas”": Gerardo Salcedo Herrera
Foto: Cristian Garavito
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Vivo en Villavicencio y llevo siete meses contando gotas. Siete meses en los que el grifo se ha convertido en un enemigo silencioso. Despertar preguntándome si hoy habrá agua para el café, para la ducha, para lavar los platos de ayer. Siete meses en que planear la vida gira alrededor de un carrotanque que llega cuando quiere, o no llega. Una total paradoja considerando toda el agua que ha llovido en Villavo este año.

¿Cuánto más se puede soportar lo insoportable? El agua potable no es un favor de la Alcaldía ni un regalo de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado. Es un derecho. Punto. Pero aquí, en esta ciudad que crece a trompicones, ese derecho se ha vuelto un lujo que muy pocos pueden pagar con paciencia infinita.

Desde mayo, cuando el puente colgante se llevó 130 metros de tubería y el acueducto principal colapsó, nos han prometido soluciones “próximas”, cronogramas que se incumplen uno tras otro, comunicados que suenan a excusa. ¿Cuántos “pronto” más necesitamos para entender que no hay plan serio? La ciudad sigue creciendo, pero la infraestructura se quedó en el siglo pasado. Y mientras tanto, ¿quién paga el precio? Las familias, los niños que no pueden lavarse bien las manos, los ancianos que sufren más, la higiene que se va por el tubo.

Las autoridades parecen haberse acostumbrado a lo inaceptable. Normalizaron la crisis como si fuera un mal tiempo pasajero. Anuncian mesas técnicas, estudios, memorandos de entendimiento… pero el agua no llega. Y cada día sin ella erosiona algo más profundo: la confianza. Porque cuando te fallan en lo básico, ¿qué queda por creer?

Villavicencio no pide milagros. Pide decisiones. Información honesta. Acciones que no queden en papel. Invertir en serio, planear de verdad, contingencia real. No más promesas vacías que se evaporan como el agua que no tenemos.

La sed agota el cuerpo, pero la indiferencia agota el alma. Y ya llevamos siete meses demasiado secos de esperanza. Es hora de que las autoridades escuchen: basta de normalizar lo indigno. El agua debe correr. Ya.

Gerardo Salcedo Herrera

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.