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Sobre la posesión de Abelardo, un editorial e Irene Vallejo

Cartas de los lectores

20 de julio de 2026 - 12:03 a. m.

La posesión, un capricho de Estado

El electo presidente, Abelardo de la Espriella, ha insistido en posesionarse ante una guarnición militar, aunque no ha explicado con claridad el porqué. En los últimos 80 años, solo dos presidentes no se han posesionado ante el Congreso: en 1950, Laureano Gómez se posesionó ante la Corte Suprema de Justicia, dado que su antecesor Mariano Ospina Pérez había cerrado el Congreso un año antes, y Gustavo Rojas Pinilla en 1953, quien se declaró presidente en una ceremonia ante los ministros que iba a nombrar y donde obró como maestro improvisado de ceremonia Lucio Pabón Núñez, es decir, dos circunstancias de facto. Manifiesta el presidente electo que quiere darle un mensaje de apoyo a las Fuerzas Armadas, pero es contradictorio porque precisamente el pleno de las Fuerzas Armadas se presenta ese día en la Plaza de Bolívar a jurarle fidelidad. En fin, no es claro por qué De la Espriella Otero insiste en esta inédita ceremonia en un cantón militar, y más bien parece un capricho de poder.

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Rodolfo Alberto Vanegas Pérez

Desacuerdo

Primero mis consideraciones a la familia de Dilian Cruz. En Colombia, el periodismo como todo está polarizado, nuestras opiniones contienen la fuerza del instinto. Nos falta objetividad y mirar la realidad cómo es, no con el lente de este o aquel líder que sigo a ciegas. La paz la construiremos cuando seamos capaces de caminar en la verdad y desde ahí construir la paz, la justicia, la solidaridad y los valores olvidados, el primero de ellos: el sentido de familia.

Nelson Torres Tarazona

Comentario a Irene Vallejo

La mentalidad humana pondera más las pérdidas que las ganancias. Dado que nuestro linaje transcurrió durante unos 5 millones de años en el edén africano —con todo y sus frutos vitales y depredadores—, no es de extrañar que dicho sesgo provoque que el displacer de perder duela dos veces más que el placer de ganar una cantidad equivalente. Por comer del «árbol del bien y del mal» y, por ello, perder el acceso al «árbol de la vida», nos pesan más las pérdidas que la tenencia de lo abundante y dado por hecho.

William Álvarez

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