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Tres hijos del telegrafista de Aracataca (Magdalena), Gabriel Eligio y Luisa Santiaga, fallecieron en el 2014.
Gustavo en marzo, en Bogotá, Gabriel en abril, Ciudad de México y Ligia García Márquez, en Barranquilla, diciembre.
Ligia, la narradora oral de la familia, fue monja y escritora, nutriendo genealógicamente a Gerald Martin, el biógrafo más famoso del Nobel de Literatura colombiano.
Gustavo fue cónsul en Venezuela, cuentista y articulista, opacado siempre por la pluma de su hermano mayor. Ligia, era la quinta de once hermanos y como no hay quinto malo, también brilló en la interpretación del piano y en la literatura, publicando: ‘Gabito el niño que soñó a Macondo’, historia que le costó su enemistad con Mercedes Barcha, su cuñada, quien según la familia del escritor, se cree dueña también de la infancia del literato.
En cuanto a Gustavo, yo vi pasar el entierro de García Márquez por la calle 80 de Bogotá, rumbo a un cementerio de Cota (Cundinamarca), sin aspavientos, sin mariposas amarillas, sin cámaras de televisión, ni realismo mágico.
De esta manera, por ley de vida, se va desramando el árbol garciamarquense, y Aracataca continúa sin agua ad portas del 2015, pues este año el presidente Juan Manuel Santos, fue a inaugurar el acueducto, llevándose tremenda sorpresa, nunca salió ni una gota de agua. No fue realismo mágico sino realismo trágico.
Helena Manrique. Bogotá.
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