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Hay un corregimiento que se llama Aquitania. Está ubicado a seis horas del casco urbano del municipio de San Francisco, en el Oriente antioqueño. El 20 de julio de 2003, la mayoría de sus habitantes fueron desplazados por el asedio implacable de las FARC y el ELN. Cada tanto, sobre todo en medios de la región, aparece su nombre en los titulares de prensa, la mayoría de las veces con motivo de alguna celebración exigiendo la paz, recordando a sus muertos, pidiendo que no vuelva un pasado que les duele, anunciando una pavimentación en la vía principal o un derrumbe que los ha dejado incomunicados del mundo. Tristemente, como sucede en la mayoría del país, estos sitios apartados de los centros poblados solo aparecen en los noticieros cuando se informa que allí hubo un operativo militar y se dio de baja a un delincuente con el alias de “Zeus”, así como sucedió hace pocos meses. Más allá de esto, es una zona del olvido, controlada por los grupos ilegales.
Los políticos se pasean cada cuatro años y luego desaparecen. Cuando los líderes sociales les recuerdan que allí hay veinte ancianos viviendo en una casa que está a punto de caerse, ellos responden que no pueden hacer nada, porque solo se comprometen con los ancianos que viven en la zona urbana. Así lo ha expresado el alcalde de San Francisco, Arturo Arias, a los líderes comunales que le han manifestado la urgencia de construir una casa para los abuelos. Según esa lógica, hay ancianos de primera y de segunda categoría. Bastantes desprecios sufren los campesinos por personas que los miran por encima del hombro, negándoles el derecho a vivir una vejez digna. Si hay seres que merecen todo el respeto, son los ancianos, no solo por las historias que tienen para contar, sino por haber gastado los años en labores tan loables como la siembra de comida.
Algunos de los ancianos que viven en la casa que está en ruinas en Aquitania se llaman Arsenio, Rosa, Isabelina, Leonor, Laureano, Jorge, Milia y Ana Julia. Ya no tienen fuerzas para alzar la voz y no pueden habitar sus casas, de las que huyeron en el desplazamiento del año 2003, porque cuando regresaron las encontraron inhabitables: la maleza se había apoderado de los muros y los había desmoronado. Escasamente se quejan de las dolencias que afligen sus cuerpos.
Este diario tiene una gran difusión nacional. Es probable que llegue a manos del Gobierno, que desde su posesión en el año 2022 ha tenido como premisa la inversión en los territorios olvidados por el Estado. Los ancianos también han sido un tema prioritario. En Aquitania, veinte abuelos sueñan todos los días con la construcción de una casa. ¿Será tan difícil? Como escritor, es lo mínimo que puedo hacer por ellos. Ojalá que estas palabras no se las lleve el viento.