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Mientras la agenda deportiva internacional sigue concentrada en los mismos escenarios, un hecho histórico ocurre casi en silencio: el Club de Remo de Cartagena de Indias compite en Lima en la Copa América de Remo Coastal con la primera delegación amplia de Colombia en este certamen. Tres atletas representan hoy un proceso que, hasta hace poco, era inexistente. Y, aun así, no ocupa titulares.
Aquí no se trata solo de una omisión local. La crítica es más amplia: el deporte también tiene jerarquías globales, y disciplinas como el remo coastal, a pesar de su crecimiento, siguen fuera del foco mediático internacional. La atención se concentra en los deportes de siempre, mientras otros, incluso con proyección olímpica, avanzan sin visibilidad.
Pero esto no exime a ciudades como Cartagena de Indias de su propia responsabilidad. Porque, si bien el mundo no está mirando, Cartagena tampoco lo está haciendo lo suficiente. Y es ahí donde la contradicción pesa más.
El remo coastal no es un deporte menor. Se practica en mar abierto, exige técnica, resistencia y adaptación, y cuenta con una modalidad, el Beach Sprint, que debutará en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Es decir, tiene presente y futuro. Tiene sentido en una ciudad de agua. Tiene lógica en un territorio como Cartagena.
Sin embargo, su desarrollo en la ciudad no fue resultado de una política deportiva ni de una visión institucional. Sin ánimo de ofender, pero con una pregunta necesaria: ¿cómo es posible que el impulso de este deporte haya venido de un extranjero? El trabajo del italiano Davide Riccardi, quien hace menos de una década apostó por esta disciplina, evidencia tanto su mérito como una ausencia local difícil de ignorar.
A pesar de eso, el proceso creció. Hoy, Santiago Monsalve, de La Boquilla, y Matilde Maciá, quien ya logró la primera medalla en la historia del remo para Cartagena y el Caribe colombiano, representan el talento local. A ellos se suma Alejandro Riccardi, quien, con apenas 15 años, compite en categoría sub-19, confirmando que hay una base con proyección real.
Lo llamativo es que el respaldo institucional comienza a aparecer justo ahora. En el entorno del proceso figuran Andrés Vásquez, Albert Castellar, Mario Arrieta y Jhon Santos, junto a fundadores como Verónica Bossio y José Romero.
Su presencia es valiosa, pero también deja una inquietud válida: ¿por qué el apoyo llega cuando ya hay resultados y no cuando el proceso lo necesitaba?
Cartagena tiene hoy una oportunidad concreta. El remo coastal crece en el mundo, el calendario olímpico lo respalda y la ciudad tiene todo para convertirse en un referente. Pero, si la historia reciente deja algo claro, es que el talento, por sí solo, no basta.
Porque sí, la agenda internacional no está mirando. Eso no debería ser excusa para que Cartagena tampoco lo haga.
Al final, el problema no es solo la falta de atención global. El verdadero problema es que, incluso cuando la historia empieza a escribirse en casa, seguimos actuando como si no valiera la pena leerla.