De rock, reguetón y otras historias

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Andrés Duarte Enciso
01 de mayo de 2023 - 02:00 a. m.
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Corrían los años 90 y el rock era el reguetón de mi época. Claro que décadas atrás ya había nacido el endemoniado rock and roll, de la mano de artistas como Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Bill Haley y otros no tan reconocidos, pero no me remontaré tan atrás. Recuerdo a mi padre, en 1999, diciéndole a mi hermano mayor: “¿Se volvió maricón o qué?”. Yo, por supuesto, no entendía mucho; solo veía a mi hermano con el pelo largo, casi a la mitad de la espalda, jeans ajustados y candongas, además tenía una camiseta que él mismo cortó y la dejó ombliguera. Mi pobre padre no entendía nada y no sabía que esa moda provenía del glam rock, estilo de música que tenía una estética glam.

El reguetón nació en la época del 2000, principalmente en Puerto Rico y Panamá. Ya estamos en pleno 2023 y el género sigue más vigente que nunca. Artistas que jamás hicieron reguetón hacen colaboraciones con famosos reguetoneros, Shakira, Gilberto Santa Rosa, Fonsi… la lista es larga. Ya llevamos dos décadas con dicho género y, siendo justo y muy a mi pesar, no creo que desaparezca pronto, como muchos vaticinaron. Al contrario, se fortalece cada vez más y consigue más adeptos, tanto jóvenes como no tan jóvenes. A mi juicio, basta detenerse a escuchar uno de los tantos hits radiales en la actualidad para darse cuenta de que su contenido lírico es muy pobre, aparte de que muchas de sus canciones están cargadas de misoginia dura y pura, banalidades, dinero fácil, costosas marcas de moda y, en muchos casos, sustancias ilícitas y licor. Aquí el tema no es ser mojigatos, no, señores, en mi época de rockear ya se hablaba de ello en las canciones y mucho antes, desde los años 60, se empezó a incluir en las canciones temáticas de sexo, drogas, etc. El tema que me inquieta y me incomoda bastante es que se cosifique a la mujer de tal manera que muchas creen que deben mostrar y vender una estética como la propuesta por dichos exponentes en sus videos musicales, en muchos casos atropellando el lenguaje, con lo rico y versátil que es nuestro español.

Me pregunto: ¿será que ya me he convertido en mi padre?, pues a veces me veo retratado en él. Pero existe una diferencia abismal y es que yo, como melómano que soy, me he detenido un poco a escuchar qué dicen las canciones, de qué hablan y cómo lo hacen, y es ahí donde reflexiono sobre cómo se está haciendo esta música. El problema no es que se hable de sexo, fiesta o banalidades, sino la forma facilista en que se hace, dejando de lado valores que sí son importantes para una sociedad: el amor propio, el respeto, el autocuidado… en fin, valores que realmente cada vez se pierden más.

Pienso que se puede hacer música alegre, festiva, picante, candente, pero creo que no es necesario denigrar a la mujer ni estropear el lenguaje. No seré como mi padre, que no se interesaba por saber qué les gustaba a sus hijos ni por qué les gustaban ciertos géneros musicales. No censuraré algo por el hecho de no ser de mi agrado o de mi sistema de creencias, pero por mi parte no aplaudo los antivalores que promueven muchos artistas de reguetón en sus letras y respectivos videos musicales.

Por Andrés Duarte Enciso

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