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Diálogos sordos

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Rubén David Salas
22 de mayo de 2023 - 02:00 a. m.
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En la actualidad contamos con múltiples posibilidades de interacción interpersonal en diferentes escenarios de comunicación y, a pesar de esa oferta, algo pasa con las formas de comunicarnos. En especial, a través de medios como las redes sociales, que en algunos casos funcionan como espacios públicos virtuales para expresar opiniones personales que quedan sujetas a contrastación. Requieren de participación con disposición al diálogo y a recibir retroalimentación, así como a responder de manera asertiva y, si es el caso, reconocer cuándo una opinión debe ser reformulada porque carece de objetividad o validez de acuerdo con la evidencia.

Resulta que el diálogo ha perdido el carácter habitual de la presencialidad, en el sentido de que, con las posibilidades de interconexión global, podemos comunicarnos sin importar la distancia e interactuar con otras personas brevemente y con contrastación casi inmediata. Esto genera nuevas dinámicas que requieren especial atención, porque parece como si en la interacción virtual, ante la ausencia de materialidad plena, se diluyera la personalidad generando encuentros de reducida cordialidad, en los cuales se empobrece la comunicación, básicamente porque las interacciones terminan en puntos vacíos y sin sentido, por cuenta de la poca disposición a ceder en ideas sesgadas y sin revisión autocrítica.

En esas mecánicas de diálogos sordos se empobrece la sociedad, ya que evitamos la evolución de la opinión pública y la búsqueda de oportunidades para mejorar el entorno que habitamos; peor aún, dada la frustración de no poder desarrollar con exactitud un pensamiento, esos diálogos concluyen afectando a las propias personas involucradas en el proceso comunicativo, porque ante la imposibilidad de llegar a acuerdos el conflicto toma el protagonismo de las interacciones.

Con la finalidad de evitar conflictos y fomentar el diálogo ameno, es preciso reconocer que no somos poseedores de la verdad absoluta, si es que esta existe más allá del concepto, y que siempre queda un largo camino por recorrer y para seguir aprendiendo. Aquí es cuando debemos caer en la cuenta de que el aprendizaje es lo que engrandece el espíritu del ser humano y, si se quiere ver de esa manera, en parte, le daría sentido a la existencia. De ahí que cualquier posición personal deba estar en continua construcción, y qué mejor oportunidad que con el otro, con todo aquel que esté abierto al diálogo y a aprender, porque, más allá de expresar una opinión, la comunicación es una viva imagen de la personalidad y el ser en sociedad, y la forma de interactuar con el contexto en el que habitamos.

Es por ello que la sana convivencia con el que piensa diferente es crucial en los procesos de crecimiento por medio del aprendizaje y el diálogo. En ese sentido, siempre debemos estar dispuestos a engrandecer la interacción con el otro que se atreve a contrastar una idea, y no es oportuno tratar de opacar o empequeñecer las ideas distintas, porque en el diálogo es como se construye una sociedad.

Por Rubén David Salas

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