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Platón entendía la educación como un vacío, no como una llenura. Pensaba que, si el objetivo educativo radicase en dar de comer al hambriento, educar sería el trabajo más fácil del mundo. Pero no lo es. Educar implica vaciar el contenido, no aumentar la dosis; propende por depurar prejuicios, ideas y concepciones para así poder estar en un estado en el cual el aprendizaje parta de la duda, no de la certeza. En tal sentido, la cultura, que en algo se parece a la educación, debe suponer la erradicación de costumbres y prejuicios nocivos, en vez de crear categorías e imponer estilos.
Hoy se entiende la cultura como ese cúmulo de información que determinada sociedad es o adopta, es decir que el mismo relacionamiento social crea la cultura, pero a su vez esta es asimilada como una estretegia de adoctrinamiento de las altas jerarquías hacia el pueblo llano. Por ejemplo, el hecho de propender por la realización de conciertos en plazoletas y espacios públicos de municipios y ciudades busca educar culturalmente a una sociedad, brindarle distintos elementos interpretativos de la realidad y ocupar sus momentos de ocio con un entretenimiento que engrandezca el espíritu, y en tal sentido son una apuesta política y cultural muy marcada.
Pero, si de tal tema se trata, el peruano Víctor Vich nos explica la necesidad cada vez mayor de “desculturizar la cultura”, entendiendo esta como una deconstrucción en vez de un proceso que llene y nutra las planillas de asistentes y mantenga los teatros o plazoletas abarrotados mientras un grupo musical o teatral ejerce su función. Tenemos, en tal sentido, que reformular la ecuación y sacar la estadística del campo de juego. Más asistentes a los eventos culturales no evidencian un progreso cultural; el hecho de que nuestros niños escuchen una retreta un domingo a mediodía no hará que la sociedad erradique ciertas concepciones que mantienen atadas las falencias sustanciales en la comunidad. ¿De qué nos sirve, por ejemplo, que un empresario levante una fortuna a costa del trabajo mal pagado de sus empleados y tenga el gusto estético tan refinado que conserve los mejores ejemplares pictóricos en su casa, dignos de la colección de cualquier museo importante?
La cultura debe servir más bien como el eliminador de los grandes problemas sociales que afectan a la comunidad, más que un multiplicador de manifestaciones artísticas. Es importante la realización de eventos culturales, pero esas dos horas de relación entre el artista y sus espectadores deben incluir el engrandecimiento espiritual de ambos entes y el progreso cultural de ese tejido comunitario. Cultura como proceso implica entender que se deben eliminar los problemas de la falta de aceptación de la diferencia, del machismo o la xenofobia, del extremismo religioso o la ilegalidad como normativa legitimada en Colombia. Si los entes culturales propendieran por erradicar estas cuestiones, estarían mucho más al tanto de la construcción de un nuevo país, donde la diferencia étnica, religiosa o ideológica no nos lleve a matarnos, donde la vida valga la pena vivirse y donde el arte brote por los poros. Como es un trabajo de largo aliento, ciertamente los entes estatales buscarán más el inmediatismo del evento cultural al que la gente va porque no tiene nada más que hacer o creerán que hay cultura porque los niños entran en clases de algún instrumento, sin saber que su mamá no tiene tiempo de educarlos en casa o para evitar ser violentados en ellas. La cultura, por tanto, debe ser un proceso de largo aliento y una visión a futuro.