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Llegó la hora

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Columna del lector: Enrique Uribe Botero
27 de mayo de 2026 - 08:29 p. m.
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Llegó la hora de votar a conciencia; llegó la hora de votar por quienes consideramos la mejor dupla para llegar a la presidencia; llegó la hora de la educación, de las oportunidades y de la construcción de ciudades incluyentes que inviten a la unión, al encuentro y al goce de compartir espacios comunes.

Llegó la hora de decir adiós a los discursos amenazantes y demagógicos; llegó la hora de la construcción de sociedad y productividad con honestidad y sin miramientos distintos a la búsqueda del desarrollo y las oportunidades.

Llegó la hora de votar a favor de los mejores y no en contra de quienes se consideran enemigos irreconciliables, como es el caso de las campañas del Centro Democrático y su opositor el Pacto Histórico, con su candidato Iván Cepeda, militante juicioso del desaparecido Partido Comunista, o de su también opositor, aun cuando afín en ideas políticas, el fantoche y patán Abelardo de la Espriella, quien fanfarronea contando que se divierte amarrando a un gatico a cinco voladores, prenderles candela y echarlos a volar o, quien, hasta con fotos de sus genitales, alardea ante una periodista. Severo patán.

Llegó la hora de las oportunidades, de la educación, de la formación de profesionales y ciudadanos(as); de la inclusión sin demagogia; llegó la hora de descartar la promoción de empleo rudimentario como el mototaxismo o los servicios a domicilio, a costa de la vida (14 muertos diarios) y la integridad de quienes se “favorecerían”, y de terceros, amén de los enormes costos para el sistema de salud; tres billones de pesos al año, según datos del Departamento Nacional de Planeación. Una estrategia política que cambia votos por la vida y la integridad de muchachos provenientes de las clases más desfavorecidas. No estaría contenta la senadora Valencia con un hijo ejerciendo de mototaxista o de domiciliario. Se desea para todos lo mismo que se desea para los nuestros.

Llegó la hora de pensar en grande; llegó la hora de la decencia; la hora de preferir una dupla presidencial con identidad de criterio, pensamiento y experiencia, amén de los modales. Llegó la hora de dejar a un lado los gritos y los manoteos en la plaza pública; llegó la hora de encontrar cara a cara en las calles a los electores entregando volantes y explicando personalmente sus programas de gobierno. Llegó la hora de dejar a un lado la escogencia de su compañero(a) de fórmula con cálculos electorales, fingiendo pluralidad e inclusión, mientras en la realidad se desprecian. Verbigracia nuestro actual presidente y su fórmula vicepresidencial, a quien escogió con discurso de inclusión buscando con ello atraer electores, pero que en público y en privado desprecia. O la hoy candidata del Centro Democrático, que parece repetir un cálculo político semejante al escoger como fórmula a un activista de la comunidad LGBTQ+, a quien en público desautoriza con frecuencia y con quien mantiene diferencias de fondo, tanto políticas como sociales. Entre ellas sobresalen sus desacuerdos frente a los acuerdos de paz, así como sus posturas divergentes sobre el matrimonio igualitario y otros temas relacionados con derechos civiles y modelo de sociedad.

Llegó la hora de la coherencia y el respeto a la vida, mientras la candidata Paloma Valencia manotea a los alaridos en la plaza pública que “cazará como ratas” a los compatriotas violentos, al mismo tiempo que se ufana de su calidad de “síndica” de una imagen religiosa en la procesión de Semana Santa en su natal Popayán. En una línea semejante parece ubicarse Abelardo de la Espriella: mientras su fórmula vicepresidencial impulsa multitudinarias misas en escenarios públicos, él anuncia que una de sus primeras acciones sería bombardear los campamentos de los violentos.

Muy católicos ellos, se cargaron con el quinto mandamiento de la ley de Dios. No matarás. Todo vale para conseguir votos.

Llegó la hora de la discreción y los buenos modales de la candidata a la vicepresidencia Edna Bonilla. De la preparación y la experiencia; de la convergencia de intereses. Sergio Fajardo, como alcalde de Medellín, convirtió barrios de su ciudad, catalogados como unos de los más peligrosos del mundo, en los barrios más visitados por turistas de la ciudad. Fajardo, educador y formador por vocación y convicción, como lo es también Edna Bonilla, amén de compartir el interés en la construcción de ciudad, ella como secretaria de Hábitat de Bogotá y alcaldesa encargada de esta metrópoli de ocho millones de habitantes, y él como alcalde y gobernador de su ciudad y departamento. Una dupla que enorgullece a los colombianos por donde se le mire.

Termino felicitando de la manera más sincera a Sergio Fajardo por la muy acertada escogencia de quien lo reemplazaría en caso de que ello fuera necesario. Gran mujer, gran profesional.

Así las cosas, ha llegado la hora de votar por Sergio Fajardo y Edna Bonilla a la Presidencia de Colombia. En ningún caso tendremos motivo de arrepentimiento: si ganamos, podremos sentirnos orgullosos de haber elegido la opción que conduzca al país por la senda del desarrollo y el progreso; y, si no ocurre así, no cargaremos con la culpa de haber favorecido, con nuestro voto o con la indiferencia del voto en blanco, el triunfo de una dupla fallida.

Por Enrique Uribe Botero

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