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“¿Usted por qué dijo que yo soy venezolana?”

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Andrés Restrepo Gil*
04 de marzo de 2024 - 02:00 a. m.
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“Paula está llorando, profe, Paula está llorando” gritaron un par de niños. Confundida, Lucía, la profesora, se acerca a la niña, la invita a salir y la acompaña afuera del aula. Ya allí, Lucía le pregunta: “¿Qué te pasa?”. Encarando la pregunta con otro interrogante, Paula increpa y cuestiona a la profesora: “¿Usted por qué dijo que yo soy venezolana?”, y concluye su respuesta diciendo: “Mi mamá me dice que no diga que soy de Venezuela”.

Me cuenta Lucía que solo hasta aquel día se había enterado de que la niña había llegado de Venezuela y si acaso lo mencionó en clase fue porque llegaron para ellos, para los niños venezolanos, una suerte de beneficios, unos materiales y kits escolares. “Fue para mí una sorpresa darme cuenta de que la niña era migrante”. Y me explica: “No tanto por ser venezolana, ya que en Riohacha y en mi clase hay muchos, sino por la cantidad de meses que pasó escondiéndolo”. El afán de Paula por ocultar su nacionalidad se articula con el descontento que le provoca su revelación. Todo esto inquietó a Lucía. Su preocupación nacía de dos fuentes: el esmero de la estudiante por encubrir bajo un velo de acero y vergüenza el lugar en el que había nacido y la sospecha de que la vergüenza de la niña había sido moldeada parcial y pacientemente en casa.

Yo creo que el asunto es más amplio. Y, por ende, más complejo. La filósofa Martha Nussbaum define la culpa como un tipo de ira contra uno mismo cuando se ha realizado una acción que provoca algún tipo de daño: proferir un insulto, mentir... La vergüenza, a diferencia de la culpa, no se concentra en las acciones que la persona realiza o hace, sino en lo que la persona es: ser migrante, pobre, indígena... ¿De qué depende la percepción que tiene un migrante de sí mismo como defectuoso, imperfecto, inadecuado a tal punto que, como en el caso de Paula y su madre, procuran disimular y esconder su situación migratoria? La aparición de la vergüenza no es el resultado de un fenómeno fortuito y natural, sino el desenlace de un proceso social que provoca que ciertos sujetos se sientan inadecuados, imperfectos, defectuosos. En el informe “Migración, desplazamientos y educación”, la Unesco afirma que “migrantes y refugiados se perciben en parte a sí mismos según son percibidos o etiquetados por los demás”.

En este orden de ideas, las preguntas y los cuestionamientos no son para la madre de Paula, sino, esencialmente, para quienes hacemos parte de la sociedad que los recibió: ¿cuál es la percepción que tenemos de los migrantes? ¿Qué estereotipos dan forma a las relaciones que con ellos establecemos? ¿Qué prejuicios fundan las afirmaciones con las que los definimos? ¿Somos acaso conscientes de que nuestras percepciones se materializan en la vergüenza de una niña y en el afán enfermizo por ocultarse, esconderse y pasar desapercibida? ¿Consideramos que el peso de nuestras miradas fundamenta el manto de imperfección y defectos que ellos ven en sí mismos?

*Profesional de educación para Proantioquia.

Por Andrés Restrepo Gil*

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Maribel(27840)06 de marzo de 2024 - 12:30 p. m.
Fascista me siento cada vez que oigo que "los" venezolanos hicieron esto o aquello.
DONALDO(67774)04 de marzo de 2024 - 11:18 a. m.
Qué ironía que lo narrado por Andrés venga de un departamento (Antioquia) que ha ganado fama de discriminar a colombianos que llegan de otras regiones. Lo que no quita valor y significado a lo expuesto.
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