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26 Jul 2021 - 3:00 a. m.

Verdaderos positivos

José David Ruiz Álvarez

El término “falso positivo” no es de uso exclusivo de la triste realidad que ha tenido como destino nombrar en nuestro país, pues se utiliza de forma recurrente en estadística para designar cuando falla una estrategia de identificación de algún fenómeno u objeto.

Podemos entenderlo con un simple ejemplo. Imaginemos que diseñamos una cámara que al enfocar un animal nos dice automáticamente si se trata o no de un gato. Una cámara capaz de identificar gatos. Esto no es un aparato imaginario, muchos teléfonos inteligentes vienen ahora equipados con este tipo de funcionalidades. Entonces, esta cámara puede ante la imagen de un gato decir que se trata de un gato o decir que no es un gato. Dado que efectivamente se trata de un gato, si la cámara dice que sí es un gato entonces decimos que tenemos una identificación verdadera positiva, pero si dice que no es un gato, decimos que la identificación es un falso positivo.

Otros dos casos son posibles. Ante algún otro animal que no sea un gato la misma cámara dirá también si se trata o no de uno. Si dice que es un gato cuando no lo era decimos que tenemos un falso negativo, y si dice que no es un gato cuando no lo era será un verdadero negativo.

Examinemos de cerca qué quiere decir entonces el término “falso positivo”. Esta denominación designa cuando un procedimiento de identificación de un objeto falla cuando efectivamente era el tipo de objeto buscado. En otras palabras, el procedimiento o algoritmo de identificación da como resultado que no es el objeto buscado cuando en realidad sí lo era.

En nuestro caso colombiano los muertos en el fenómeno de falsos positivos fueron dados de baja como si hubiesen sido miembros de la guerrilla pero en realidad no lo eran. En otras palabras, es como si hubieran sido identificados como guerrilleros, pero en realidad no lo eran. Eso en estadística es un verdadero negativo, según la explicación que acabamos de dar, pero no un falso positivo.

Más aún, los últimos estudios de la JEP logran dejar entrever que en realidad había toda una maquinaria infernal para asesinar ciudadanos sin ningún vínculo con la guerrilla y hacerlos pasar por tales. Toda una estrategia para esconder y camuflar el hecho de que se sabía lo que se estaba haciendo.

Examinando esto, con cabeza fría, bajo la luz de la estadística, tenemos un caso en que hay un procedimiento para identificar civiles. Si dicho procedimiento identificó correctamente civiles para asesinarlos cuando efectivamente eran civiles, entonces estaríamos en el caso de verdaderos positivos, se identificó correctamente lo que se deseaba identificar.

Según la JEP, no hubo errores, hubo estrategia para encubrir. Y pareciera ser la última parte de esta estrategia hacer pasar como errores estos asesinatos selectivos. Llamar entonces estos homicidios falsos positivos no es solo una imprecisión sino, además, seguir el juego de los encubridores. Deberíamos llamarlos verdaderos positivos, un nombre que designa correctamente el fenómeno y, a mi parecer, les devuelve algo de dignidad a las víctimas.

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