Construir democracia

Leer y escribir, hoy (III)

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¡Cuánto anhelo que escribir sea un acto que permita la profundización de nuestra humanización!

El arte y el oficio de escribir. ¿Existirán recetas para aprender a escribir? Son muchos los caminos que existen para facilitar el surgimiento de una vocación de escritor. Cada escritor tiene la obligación de buscar, enfrentar, crear sus propias metas, necesidades y obstáculos, como diría el poeta Paul Valery1. Al respecto, me permito recomendar dos caminos sustantivos: leer intensamente y vivir apasionadamente, para aproximarse a comprender el mundo maravilloso de lo humano2.

Es preciso no olvidar que la acción de escribir invita a ejercer un arte y un oficio que requieren constancia, dedicación, cuidado, conciencia crítica y búsqueda permanente por descubrir aspectos nuevos de la realidad del entorno. ¡Qué difícil es escribir bien! ¡Qué bello oficio el del escritor!

¿Para qué escribir? Para compartir experiencias, aprendizajes, formas diferentes de ver, vivir, sentir, razonar, exponer ideas, someterlas a discusión, esperar la contradicción y, también, el reconocimiento a la labor; es decir, se escribe para construir puentes de comunicación con los otros.

Séame permitido agregar: Con las palabras escritas espero contribuir a “no dejar la humanidad en manos de la muerte”3, sino a plasmar reflexiones en torno a los procesos históricos, a nuestra evolución, contradicciones, avances y logros, con una gran esperanza en que los colombianos vamos a ser capaces de profundizar las instituciones democráticas y construir nuevas culturas de paz.

Leer y escribir son dos formas de manifestarse el idioma; dos verbos claves para el ejercicio de la bella vocación del pedagogo y del arduo e histórico oficio del maestro. Al respecto, Fernando Vásquez expresa que escribir [es] un acto de reconocimiento. La escritura es como un yunque en el cual podemos medir la calidad material del pensamiento… En el acto de la escritura, entonces, comprobamos si somos meros repetidores o productores de conocimiento. Saber leer contextualmente es la mejor herramienta para dialogar con la herencia que en ellos se plasma. Recordemos que leer y escribir van de la mano.

Pero si no se enseña a leer y a escribir, sino a memorizar y a repetir mecánicamente los actos gnoseológicos de otros, ¿qué hacer? No condenarse a permanecer en la ignorancia de lo que implica leer y escribir, porque significa explorar todo lo que se puede hacer con las palabras y todo lo que las palabras pueden hacer por quienes practican la lectura y la escritura en forma habitual. No obstante, no queremos saber nada de esos que convierten la lectura en un análogo de la charla, del parloteo insustancial, del juego social de las opiniones sabias o de las emociones sensibles, de esos que leen para vanagloriarse de su saber o para emocionarse de su emoción, queremos que nos dejen en paz cuando se trata de leer4.

Leer y escribir no es para ufanarse del conocimiento que puede tenerse, de la pretendida erudición; es, por el contrario, para afianzar la condición de ser histórico, su originalidad, lucha, contradicciones, limitaciones y por qué no, de los éxitos. Se debe leer y escribir como eternos estudiantes de una realidad permanente y versátil, en pleno curso y, además, porque mediante la escritura se aprende a ser, como bien sostiene Bibliowicz: el arte conlleva a un destino. La escritura creativa demanda compromisos5.

Leer y escribir sí, dos caminos adecuados para que la herencia humana pueda seguir dejando testimonios de sus evoluciones y quehaceres; y pueda contribuir a institucionalizar una sociedad justa -con estructuras que garanticen la equidad ante el poder- pacífica -con ausencia de violencia abierta, estructural y cultural- libre -relacionada con todos los países- y en búsqueda de un desarrollo sostenible.

roasuarez@yahoo.com

Referencias

  1. Azriel Bibliowicz, El oficio del escritor, U.N. Periódico, 3 de agosto de 2006.
  2. Apasionadamente no es vivir sectariamente sino consagrarse amorosamente al servicio de los conciudadanos, los compatriotas latinoamericanos, y de los habitantes del Universo.
  3. Elías Caneti. La conciencia de las palabras. 1981.
  4. Larrosa, op. cit., pp. 605.
  5. Bibliowicz, op. cit.

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